Ivana aprovechó la oportunidad para zafarse. Al salir, dejó escapar un largo suspiro, sintiendo cómo el aire frío le devolvía un poco de calma.
Sin embargo, su teléfono comenzó a vibrar con un número desconocido en la pantalla.
Ivana sintió que el número le resultaba vagamente familiar. Sin pensarlo dos veces, colgó la llamada y bloqueó el contacto de inmediato.
***
El clima en la capital era mucho más cálido que en Estival, pero el viento helado de la noche seguía arrojando aguanieve contra los cristales.
Nelson se sentó de golpe en la cama. Su corazón latía desbocado y el sudor frío le empapaba por completo la pijama.
Por puro instinto, estiró la mano hacia el otro lado de la cama, pero solo encontró el vacío.
De inmediato encendió la lámpara, observó la otra mitad de la cama vacía y revisó su teléfono móvil.
Los hombres que había enviado a buscarla le informaron que seguían sin tener rastro de ella.
Nelson respiraba con dificultad. El sueño había sido tan real que le parecía percibir un espantoso olor a sangre en el ambiente.
Había soñado que Ivana estaba recostada sobre una pálida cama de hospital, con un profundo y largo corte en la muñeca.
¡La sangre carmesí brotaba a borbotones y caía al suelo, una imagen que le heló la sangre en las venas!
Aunque sabía que solo era una pesadilla, esa sensación de terror que lo empujaba al borde del colapso seguía oprimiéndole el pecho.
Nelson no podía soportar por más tiempo la agonía de la incertidumbre. Necesitaba saber dónde estaba. ¿Acaso se encontraba a salvo?
Durante todo este tiempo, siempre creyó que era Ivana quien no podía vivir sin él.
Pero en ese instante, se dio cuenta de que, tal vez, ¡era él quien no podía vivir sin ella!
Nelson agarró su abrigo y salió corriendo de la casa. ¡No podía esperar ni un segundo más!
Desde el asiento del conductor, Lionel le preguntó hacia dónde se dirigían.
Con el rostro ensombrecido por una expresión gélida, Nelson apretó los dientes y ordenó:
—¡A casa de Silverio!
Hacía tiempo que había investigado la dirección de la familia Mayén, así que el trayecto fue rápido.
Le ordenó a Lionel que estacionara el auto en una zona oscura y mantuvo la mirada clavada en la entrada de la casa.

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