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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 287

Al escuchar las palabras de su madre, Yadira por fin sintió que recobraba el rumbo.

—Entonces, ¿qué hacemos ahora?

La mujer al otro lado de la línea se quedó pensativa unos segundos, como si estuviera a punto de mencionar un asunto sin importancia.

—En el pueblo de tu padre todavía vive un viejo amigo nuestro. Si se entera de que Ivana regresó, y que además se casó con un hombre millonario, ¿qué crees que hará?

***

El invierno en Estival era verdaderamente despiadado; el viento helado cortaba las mejillas como si fueran cuchillas.

Ivana se ajustaba constantemente el cuello de su chaqueta térmica, intentando bloquear las ráfagas que se empeñaban en colarse por su nuca.

Haber logrado escapar de Corvila era una bendición, pero ahora enfrentaba otro gran problema: ¡el embrión que crecía en su vientre!

Lo sentía como una marca al rojo vivo sobre una herida que apenas comenzaba a sanar.

Ni siquiera quería llamarlo «bebé».

Por eso, esa misma tarde, Ivana se presentó en el área de ginecología y obstetricia del hospital.

El pasillo olía al clásico desinfectante, un aroma frío y penetrante.

La enfermera tomó la orden médica, su mirada se detuvo un segundo en la casilla del procedimiento solicitado y luego levantó la vista hacia Ivana.

—¿Viene sola?

Su tono de voz pareció suavizarse de golpe. Perdió la frialdad profesional y dejó escapar un levísimo suspiro de lástima.

Ivana no respondió; se limitó a asentir con rigidez.

La enfermera no insistió. Apartó la mirada y volvió a teclear en su computadora.

Había visto a demasiadas mujeres llegar a esa área; algunas venían acompañadas de sus mejores amigas, otras con sus esposos o suegras.

Pero la pesadez y el aura de total desolación que rodeaba a esta mujer le encogieron el corazón.

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