Las luces del teatro brillaban como estrellas.
Nelson acompañaba a Yadira en la primera fila, justo en el centro, observando a los bailarines girar y saltar sobre el escenario.
La coreografía era hermosa y la música, conmovedora.
Sin embargo, Nelson no dejaba de mirar su reloj, claramente distraído.
Yadira, a su lado, miraba el escenario con atención.
Observaba a los bailarines moverse al ritmo de la música, desplegando una energía que le dejaba los ojos brillando de admiración.
¡Esa mirada de anhelo era imposible de fingir!
Parecía recordar los días en que sudaba sin parar en el salón de ensayos y recibía los aplausos del público bajo los reflectores.
Pero ahora, todo eso era imposible.
Al terminar la función, ambos salieron del teatro.
Yadira no pudo evitar susurrar:
—¡La bailarina principal era increíble! Me recordaba mucho a como yo era antes.
Parecía seguir inmersa en la música, su cuerpo se movía con el ritmo, ¡como si reviviera el instante mágico de algún movimiento!
La voz de Nelson se suavizó al instante.
—Tú bailabas mejor que ella.
Yadira, sin embargo, sonrió con indiferencia.
—Hasta el último médico que me vio lo dijo: tengo un desgarre en los ligamentos de la pierna y daño en los nervios. Ya no puedo soportar un entrenamiento de alta intensidad.
El rostro de Nelson se tensó visiblemente. Apretó los puños y dijo:
—Lo siento, todo fue culpa de ella.
Cada vez que veía la nostalgia de Yadira por el baile y por lo que había sido, no podía evitar recordar quién había causado todo aquello.
Pero la tristeza de Yadira pareció durar solo un instante. Rápidamente recuperó su fortaleza y, tomándolo del brazo, dijo:
—¡Vamos, acompáñame a cenar!
Nelson dudó solo un momento antes de asentir.
—¡De acuerdo!
Yadira, feliz, se dirigió al carro y, con toda naturalidad, ocupó el asiento del copiloto.
Sin embargo, al llegar al restaurante, descubrió que Federico y Adán Duque ya estaban allí.
Yadira se quedó perpleja.
Nelson explicó:
—Pensé que sería aburrido si solo éramos nosotros dos, ¡así que invité a este par!
A Yadira se le borró la sonrisa apenas un instante, pero se recompuso de inmediato y se acercó a saludar a los dos hombres.
Durante la cena, fue principalmente Federico quien platicó con Yadira.
Adán nunca había sido de muchas palabras.
Nelson, por su parte, era aún menos hablador. La mayor parte del tiempo, se dedicaba a saborear la comida.

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