—Señor Ramírez, ese es su papá, Leonardo. También es el dueño de Tiempo Efímero. Su relación nunca se ha hecho pública. —A un lado, Diego siguió la mirada de Valerio hacia la distancia y le informó.
Valerio no pudo evitar preguntar:
—En el contrato, ¿por qué el espacio de la madre está en blanco?
—Cuando firmamos —respondió Diego con respeto—, le mencioné que debían llenarse los datos de ambos padres. Pero Leonardo dijo que estaban divorciados, que la madre se había ido al extranjero, renunciado a la custodia y que no tenía responsabilidades legales. Así que no insistí.
Valerio se quedó en silencio. Al ver a lo lejos cómo los niños corrían a abrazar a Leonardo, sintió, para su propia sorpresa, una punzada de decepción.
—¿Qué tanto ves? ¿Le tienes envidia? ¿Pues dónde estabas antes? —Ireneo se acercó a Valerio apoyándose en su bastón y le lanzó esa indirecta con mal humor.
Valerio frunció el ceño, pero respondió con un tono suave:
—Abuelo, te dejo para que disfrutes un rato. Te espero en la sala de descanso.
—Espérate —lo detuvo Ireneo—. Ve a arreglar las cosas. En la noche voy a cenar con estos pequeñines.
Valerio, que apenas iba a dar un paso, se detuvo.
—Abuelo... —Intentó disuadirlo, pero Ireneo lo interrumpió de inmediato.
—No quiero escuchar excusas. Voy a cenar con ellos.
Valerio se quedó sin saber qué responder.
Con resignación, echó un vistazo a las personas que ya venían hacia ellos y continuó con voz tranquila:
—Abuelo, si logras convencerlo a él, yo me encargo de todo.
—¿A quién? ¿A su papá? —Ireneo arrugó la frente—. ¿Yo para qué voy a convencerlo a él? Con que los niños acepten es suficiente. Tú nomás espérate.
Tras decir esto, Ireneo dio un par de pasos, pero se detuvo de golpe y miró a Valerio con desconfianza:
—¿Estás seguro de que investigaste bien? ¿De verdad esos niños no son de Erika?
—Sí. —La respuesta de Valerio fue tajante, sin la menor duda.
Su mirada se mantuvo serena al encontrarse con la de su abuelo.
Pero la verdad era que no había investigado absolutamente nada...
Al regresar a la sala de descanso, Diego mandó pedir café y luego se quedó de pie a un lado, en total silencio.

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