Erika estaba a punto de checar en qué área y número había estacionado el coche, para encontrarlo más fácil al regresar.
Su mirada se desvió casualmente a través del parabrisas.
Lo que vio la dejó completamente en shock.
Frente al coche pasó una pareja. Aunque solo pudo verles el perfil, ¡la cara de la mujer era idéntica a la suya!
Erika no pudo evitar recordar aquellas fotos de hace unos años que hicieron que Valerio malinterpretara todo.
En ese entonces, ella había guardado las fotos y le pidió a Adrián que le ayudara a investigar.
Pero hasta la fecha no tenían ninguna pista; Adrián suponía que la mujer muy probablemente estaba en el extranjero.
Después de dar a luz, Erika notó que, al ser niña, Alma tenía algunas diferencias físicas con Thiago y Enzo.
Pero sus dos hijos varones eran extremadamente parecidos.
Por eso, al ver a esa mujer, Erika no pudo evitar pensar que quizá tenían algún parentesco. ¿Podrían ser gemelas?
Alguien a quien habían buscado por tanto tiempo, de repente aparecía justo frente a sus ojos.
Erika estuvo a punto de abrir la puerta para alcanzarla, pero pensándolo bien, ¡no era buena idea!
¿Cómo había conseguido Valerio esas fotos? ¿Y quién las había tomado?
Ella no sabía absolutamente nada del tema, acercarse a preguntar de manera tan imprudente...
Erika vio que ambos se dirigían hacia los elevadores más cercanos. Si no los seguía ahorita, ¡quién sabe cuándo volvería a topárselos!
Sin dudarlo más, sacó rápido una gorra y un cubrebocas de la guantera, se los puso y corrió hacia ellos.
En el instante en que las puertas del elevador estaban por cerrarse, Erika metió el brazo para detenerlas, bajando la cabeza para ocultar su rostro con la visera de la gorra:
—Permiso. Gracias.
Erika entró y caminó a propósito hacia el fondo, parándose detrás de la pareja. Como había más gente en el elevador, pudo relajarse un poco.
Observó sus perfiles con cuidado; la mujer estaba tomada del brazo del hombre.

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