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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 308

Pensando en esto, Cristina de pronto se le fue encima a la directora, le arrebató el celular y le gritó:

—¿Qué chingados importan los videos? ¿Acaso los hijos de ella están lastimados? ¡El único lastimado es mi niño! ¡Vaya porquería de directora está hecha!

La directora se quedó con la mano en el aire, apretó el puño por un segundo, pero mantuvo el tono tranquilo:

—Señora, mire, usted vino a decirnos que habían golpeado a su hijo. Ahora que ya están aquí los otros padres, tenemos que ver qué pasó en realidad, ¿no le parece? Si no, ¿cómo vamos a resolver este problema?

—¿Cuál resolver ni qué nada? —replicó Cristina—. Que esos chamacos paguen los gastos médicos y le pidan perdón a mi hijo. Eso es todo.

La directora soltó un largo suspiro y volteó a ver a Erika, sin saber qué hacer.

Erika estaba a punto de decir algo, pero Gabriel llegó corriendo, le jaló la blusa a Cristina y dijo:

—Mamá, si les gritas tan feo, ¿qué tal si los del "Club Caramelo" ya no quieren jugar conmigo? ¿No que me ibas a meter a su grupo? ¿Cuándo voy a grabar videos con ellos? Yo también quiero ser famoso.

Cristina lo cargó de inmediato y trató de consolarlo:

—Ya, mi amor, tranquilo. Mira nada más cómo te lastimaron, me parte el alma verte así. Mejor no te juntes con ellos.

—¡No, no! ¡Yo quiero salir en los videos y ser estrella! ¡Buaaa! —lloraba Gabriel, pataleando y haciendo berrinche en los brazos de su mamá.

Erika se masajeó las sienes. Todo ese circo ya le estaba colmando la paciencia.

Qué familia: una mamá irracional, un chamaco mentiroso y un papá con el morbo escrito en la cara...

Erika no se anduvo con rodeos y soltó:

—Gabriel, el celular que tiene tu mamá trae un video. ¿Sabes qué es eso? Significa que todo lo que hiciste quedó grabado, igualito a los videos que ves en internet. ¿Vas a decirnos la verdad o lo vemos todos juntos?

Cristina peló los ojos, indignada:

—¡¿Cómo te atreves a hablarle así a un niño?! ¡Lo estás obligando!

Pero apenas dijo eso, el niño hizo un puchero en sus brazos y preguntó:

—Oiga, si le digo la verdad, de que yo me caí solito... ¿me deja entrar al "Club Caramelo"?

—No. —respondió Erika tajante.

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