Lorena lo miró con expresión herida mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.
¿De verdad ya tenía pruebas concluyentes?
¿Acaso también descubrió que había mandado a su gente a infiltrarse cerca de Diego para amenazar a aquel hombre y obligarlo a cambiar su versión?
¿Incluso lo del equipo que cayó a la alberca?
Entonces, ¿por qué no presionó a Lucía y a Julia hasta sacarles la verdad?
Lorena se dejó caer en el sofá, completamente hundida. Después de unos instantes tratando de asimilar el golpe, se puso de pie de un salto.
Con las manos temblorosas, volvió a agarrar el puño de la camisa de Valerio y suplicó entre sollozos:
—Valerio, por favor, no seas tan cruel conmigo. No quiero ir a la cárcel. Puedo ir a pedirle perdón a Erika, si ella acepta disculparme, me salvaré, ¿sí? O mejor aún, convéncela tú de que deje pasar todo esto, ¿te parece?
El rostro de Valerio era puro hielo. Su mirada afilada apenas y se detuvo un segundo en ella.
Lorena tragó saliva y continuó suplicando a media voz:
—Valerio, no puedo pisar la cárcel. Si la prensa se entera, mi carrera se va a ir al caño. ¿De verdad tendrías el corazón para ver cómo se arruina toda mi vida...?
—¿Hasta ahora te das cuenta de que tu carrera y tu vida se van a ir a la basura? ¡¿Acaso el futuro de Erika no vale nada?! ¡¿Su vida no cuenta?! —la interrumpió Valerio con una dureza tajante.
Lorena negó con la cabeza, sin dar crédito a sus palabras, con el rostro desfigurado por el dolor y el coraje.
Llena de frustración, bajó la voz y le reclamó:
—Valerio, ¿por qué de pronto te importa tanto lo que le pase? ¿Por qué? ¿No que no la soportabas? Estabas urgido por divorciarte de ella y buscabas como loco pruebas de sus infidelidades. ¿Por qué hoy saliste en su defensa? ¿Te arrepentiste? ¿Ahora resulta que la quieres recuperar?
Por fuera, Lorena lloraba a lágrima viva, pero por dentro estaba maldiciendo a Erika con todas sus fuerzas.
Esa barriga de Erika... ¡Que no creyera que ella era una estúpida que no sabía nada!
Siempre haciéndose la mosca muerta, la débil que se desmayaba por todo, ¡y resultó ser una víbora manipuladora!
Seguro estaba aplicando esa tactiquita barata de divorciarse estando embarazada para luego seducirlo y hacer que él fuera rogando detrás de ella.

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