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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 580

Miró a Mateo de reojo. —Tranquilo. Hasta que no haya curado por completo a Valentina, no pienso desaparecer.

De no haberlo conocido, teniendo en cuenta la gravedad del estado de Valentina en aquel entonces, el pasto en su tumba ya habría crecido y sido cortado más de una vez.

Se dio la vuelta para adentrarse en el complejo. Mateo vio cómo su cabeza caía hacia atrás y lanzaba otro bostezo, tropezando de pronto como si fuera a colapsar dormido sobre el césped al instante siguiente.

Mateo subió el vidrio de su ventana. —Conduce.

Al llegar a la mansión familiar, Mateo bajó del vehículo y se dirigió al interior de la casa, preguntándole al mayordomo: —¿Por qué está mi hermano en casa hoy?

—El señor Miguel está resfriado —respondió el mayordomo.

Así que era un resfriado.

Con razón en la llamada su voz sonaba tan congestionada, pensó Mateo.

Subió al segundo piso y tocó la puerta de la habitación.

—Adelante.

Escuchándolo de cerca, la congestión sonaba mucho peor.

Mateo empujó la puerta y encontró a Miguel Solís sentado en el sofá, revisando un montón de documentos.

Como no esperaba que su hermano regresara tan rápido, Miguel debió haber asumido que era el mayordomo, pues ni siquiera levantó la vista mientras pasaba una hoja.

En la mesita de centro, frente a él, descansaba un vaso lleno de agua que ya no desprendía vapor; seguramente estaba frío y él no había probado ni una sola gota.

Mateo soltó un chasquido de desaprobación. —¿Acaso no te importa tu propia salud?

Al escuchar su voz, Miguel levantó la mano en un gesto de alto. —Quédate ahí, no te acerques. Deja la puerta abierta, no la cierres.

La mano de Mateo, que estaba a punto de cerrar la puerta, se detuvo, y obedeciendo, no dio ni un paso más.

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