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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 574

Sebastián levantó la mirada oscura y profunda. Que un médico protegiera la privacidad de su paciente era ética profesional básica.

Pero no todos los médicos lograban cumplirla.

Los que no se dejaban tentar por el dinero tal vez flaqueaban en sus principios, los que no temían al poder quizás tenían alguna debilidad, y los que podían escapar ilesos de la presión de un hombre en la cima de la pirámide se contaban con los dedos de una mano.

Gabriel Guzmán era uno de esos pocos.

Sabía de la existencia de Gabriel desde hacía mucho tiempo, solo que anoche, al estar sentado en el asiento del copiloto de Mateo, el ángulo no le permitió verle la cara.

El primer psiquiatra que intentó contactar para Valentina Vargas fue precisamente él. Sin embargo, mandó a su gente a buscarlo durante mucho tiempo sin éxito, y resultó que la familia Solís lo había encontrado primero.

Nadie se hubiera imaginado que el genio más prestigioso del mundo de la psicología trabajaba como una leyenda desde las sombras en un pequeño hospital local.

Alguien como él estaba hecho de hierro; no tenía debilidades, no le faltaba el dinero, poseía un talento desbordante, era muy respetado y no se dejaba intimidar por los poderosos.

Lograr sacarle información no sería nada fácil.

Pero Sebastián necesitaba desesperadamente saber en qué estado se encontraba ella.

Con la punta de los dedos suspendida sobre el reposabrazos del sofá, dijo con voz grave: —Yo soy...

—Lo siento, señor Correa —lo interrumpió Gabriel con cortesía y un tono perezoso, viéndose como alguien que apenas y soportaba estar vivo—. Valentina me aseguró que nunca ha estado casada, así que el título de exesposo no aplica. ¿En calidad de qué pregunta, señor Correa?

La nuez de Sebastián se movió ligeramente. —Soy su exnovio.

—Ah —Gabriel asintió con cara de haber comprendido todo—. ¿Y luego?

—Un exnovio no entra en la categoría de familiar, por lo que es aún más imposible que le revele el estado médico de Valentina. Si tantas ganas tiene de saber, puede preguntárselo directamente. Después de todo, ya está viviendo en su casa, ¿o acaso no se hablan?

Vaya psiquiatra.

En ese instante, el celular de Gabriel, que estaba sobre la mesa, sonó.

El identificador de llamadas mostraba: Valentina.

Gabriel miró al hombre sentado frente a él, cuya expresión se había vuelto indescifrable al ver la pantalla.

Tomó el teléfono y deslizó el dedo, captando por el rabillo del ojo cómo Sebastián tamborileaba los dedos sobre el sofá.

Sebastián no podía escuchar qué decía Valentina al otro lado, solo lograba oír las respuestas de Gabriel.

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