¿Hablar?
Directo al grano, sin rodeos ni preámbulos. A Sebastián le resultaba muy familiar esa sensación; era la táctica habitual de quien llevaba la ventaja en una negociación.
Él siempre había sido quien dominaba la mesa, controlándolo todo. Nunca antes había sentido esto...
—De acuerdo —respondió él, sin apartar los ojos del rostro de ella.
Era temprano, pero toda la residencia principal estaba sumida en el silencio. El personal sabía cuándo retirarse a sus habitaciones, y lo más probable era que Don Alberto también lo hubiera hecho.
Incluso Capitán había sido arrastrado a la fuerza por Lucas.
Por fin, no había nadie más. Solo ellos dos.
Tenía tantas preguntas que hacerle, pero no sabía por dónde empezar. Todas las palabras se agolpaban en su boca queriendo salir al mismo tiempo.
Sin embargo, al ver su mirada clara y llena de vida, su buen semblante y sus mejillas más llenas, de repente, nada de eso importaba.
Sebastián empujó un vaso de agua hacia ella.
—Toma un poco de agua.
—Gracias. —Valentina tomó el vaso. La temperatura era perfecta.
Pero Sebastián no se había movido del sofá en todo el rato; ese vaso no lo acababa de servir. Era como si esa agua a temperatura ideal fuera un reloj perfectamente calculado: él sabía exactamente a qué hora ella bajaría.
Sabía que él era meticuloso, pero no esperaba que lo fuera hasta ese extremo.
Como si leyera el asombro en sus ojos, él explicó:
—No durmió la siesta. Nunca aguanta más allá de las ocho.
Eso lo explicaba todo.
Valentina bebió un sorbo. Eso confirmaba que Sebastián se había encargado personalmente de cuidar a Cachito al punto de conocer sus horarios a la perfección.
De camino a casa había leído algunas noticias antiguas. Los días de semana, él se llevaba al niño al trabajo. Un dron había sobrevolado por casualidad el edificio del Grupo Correa y había captado una enorme calcomanía de Peppa Pig pegada en el ventanal de la oficina del presidente.
Y no cualquier Peppa Pig: era rosada.
¿Quién habría imaginado en el pasado que Sebastián Correa haría algo así?
Valentina dio otro sorbo; el clima nevado siempre daba sed. Luego dejó el vaso sobre la mesa de centro.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....