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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 564

La conversación entre ambos parecía más bien la charla superficial de dos conocidos distantes.

Los profundos ojos oscuros de Sebastián se fijaron en ella mientras emitía un murmullo afirmativo.

Cachito, aferrado al cuello de Valentina, le dio un sonoro beso en la mejilla.

Ella sonrió y se lo devolvió.

—Mmm, hueles riquísimo.

El niño soltó una carcajada cristalina.

Cuando reía, sus ojos se curvaban como pequeñas lunas menguantes, revelando varios dientecitos nuevos.

Cuando ella se fue, él aún no tenía ninguno.

La mirada de Sebastián se concentró en el perfil de Valentina y en su sonrisa de alivio.

Había recuperado algo de peso.

Tenía mejor semblante.

Se veía llena de vida, incluso había podido cargar ese enorme saco de regalos, algunos de los cuales eran bastante pesados.

Mateo Solís la había cuidado muy bien.

Al pensar en eso, Sebastián sintió un nudo amargo en el estómago. Ella no era suya; ni siquiera tenía el derecho de cuidarla.

Al entrar a la casa, Valentina notó que en una esquina de la sala habían montado un árbol de Navidad enorme. Debía medir más de cuatro metros.

Al principio pensó que era un árbol común, pero al girar la cabeza para ir hacia otra habitación con Cachito, notó que de las ramas colgaban varias tarjetas.

—«Pasemos juntos la próxima Navidad, Valentina».

—«Que Valentina esté a salvo».

Había algunas más que no pudo leer por el ángulo.

Pero, por la caligrafía firme y elegante, supo de inmediato que las había escrito él.

—¡Mamá! —Cachito tomó el rostro de Valentina entre sus manitas, interrumpiendo sus pensamientos.

—¿Mmm? —Bajó la vista hacia su niño, tan suave y bien alimentado—. ¿Qué pasa, mi amor?

Cachito señaló los bocadillos y frutas sobre la mesa.

Capítulo 564 1

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