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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 544

Ricardo Mendoza estacionó el auto en el parqueadero del instituto de investigación biológica.

Cada año inyectaba enormes sumas de dinero para financiar los proyectos de ese instituto, además de que la familia Mendoza era el máximo líder en biotecnología local.

Con el dinero y el estatus de su familia, Ricardo entraba y salía de las instalaciones como si fuera su propia casa.

Tras apagar el motor, abrió la puerta trasera y le quitó el cinturón de seguridad a Cachito.

—Vamos, el tío Richi te llevará a ver a un ángel.

Los grandes y redondos ojos de Cachito miraban de un lado a otro, desbordando curiosidad por todo lo que lo rodeaba.

No tenía idea de qué era ese «ángel» del que hablaba Ricardo ni le importaba mucho; se limitaba a morder su galleta de dentición mientras observaba todo, con la genuina inocencia de quien no ha visto nada del mundo.

Ricardo tomó al niño en brazos, cerró la puerta de un empujón y, como de costumbre, no le puso seguro al auto.

No pasó mucho tiempo antes de que la noticia de que había llegado al instituto con un bebé en brazos llegara a los oídos de Leticia Mendoza.

La puerta del laboratorio se abrió y una joven con bata blanca se acercó.

—Colega, el señor Mendoza me pidió que le avisara que la está esperando en su oficina.

La chica, sin embargo, estaba confundida. Si Ricardo era el hermano de Leticia, ¿por qué no la llamaba directamente o le enviaba un mensaje en lugar de armar tanto alboroto pidiéndole a otros que le pasaran el recado?

La realidad era que Leticia había bloqueado el número y las redes sociales de Ricardo. Él tenía otras formas de contactarla, por supuesto, pero mandarle un recadero le resultaba mucho más divertido.

De esa manera, aunque Leticia no quisiera verlo, las miradas curiosas de todos a su alrededor la obligarían a ir.

A Ricardo le sobraban métodos para manipularla.

Cuando Leticia abrió la puerta de su oficina, lo primero que vio fue a Ricardo limpiándole suavemente el rostro a un bebé precioso.

Después de secarle la cara, usó un pañuelo para limpiarle las manitas con una paciencia admirable, aunque las palabras que salían de su boca eran todo menos decentes.

—El buen gusto se aprende con el tiempo. Mira bien, cuando crezcas, búscate una esposa que cumpla con este mismo estándar, ¿entendido?

Su dedo apuntaba directamente a una credencial sobre el escritorio. Era la foto de identificación de Leticia, tomada el año pasado sobre un fondo azul.

El uso de la palabra «esposa» no fue ninguna casualidad.

Ricardo terminó de hablar justo cuando escuchó la puerta abrirse. Al girar la cabeza y toparse con la mirada fría e indiferente de Leticia, arqueó una ceja ligeramente.

Capítulo 544 1

Capítulo 544 2

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