Entrar Via

La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 539

—Hazlos pasar —indicó Sebastián a Lucas.

Lucas repitió sus palabras a la oficina de secretaría.

Ricardo observó a Sebastián, quien seguía con esa expresión de piedra, inmutable aunque el mundo se estuviera derrumbando, y de repente se dio cuenta de que quizás las cosas no eran como él pensaba.

Se había dejado llevar por la preocupación, olvidando que aunque Sebastián estuviera ciego de amor, no sería capaz de desentenderse de su hijo.

—¿Así de grande es la jugada?

¿Una disculpa pública en toda la red?

—Ella está recibiendo tratamiento médico, tal vez ni siquiera tenga el celular a la mano. Y Mateo Solís mucho menos le va a contar nada sobre ti. ¿Para quién es esa confesión?

Su reputación y su poder se verían afectados. ¿Valía la pena pagar un precio tan alto?

—Siempre fue culpa mía. Le prometí que le daría a ella y a Mateo una explicación. Si lo ve o no, no importa —Sebastián se levantó de su asiento.

En ese momento, Ricardo lo comprendió todo.

Sebastián estaba generando revuelo mediático a propósito, aprovechando la oportunidad para dejar claro ante el mundo entero que, desde el principio, en su corazón solo había estado Valentina, y que Isabela Campos no era más que un peón para salvar a su hijo.

Aunque en internet todavía había quienes lo criticaban, diciendo que su devoción llegaba demasiado tarde y que quedarse solo era su merecido.

La puerta de la oficina se abrió, y dos policías uniformados entraron guiados por la secretaria.

—Señor Correa, por favor, acompáñenos.

En el Sector Residencial Militar.

Bajo la sombra de los árboles, el general Gustavo Solano estaba recostado en su silla mecedora de mimbre, con los ojos cerrados, escuchando música tradicional en su radio antigua, mientras su asistente personal terminaba de leerle la confesión de Sebastián.

Pero al finalizar la lectura, el anciano ni siquiera movió un párpado.

El asistente preguntó confundido:

—¿No le preocupa?

—Así que ya lo sabía... Viéndolo tan tranquilo, supongo que el señor Correa no terminará tras las rejas.

El general apagó la radio y se frotó la frente.

—Cometió el delito de encubrimiento, pero no lo sabía de antemano ni fue cómplice. Logró someter a la asesina y la entregó a la policía voluntariamente. Aunque falsificó un acta de matrimonio, no hubo daños graves; no fue por dinero, solo una sinvergüenzada moral. Además, se entregó él mismo. Según las leyes de la República de Helia, le darán libertad condicional.

Calculándolo bien, el equipo legal del Grupo Correa ya habría simulado el juicio. Ocho meses de prisión suspendida y un año de probatoria. Durante ese año, Sebastián no podría salir de Miramar.

Y hasta que cumpliera su condena, tampoco podría seguir ejerciendo como presidente del Grupo Correa.

Así tendría más tiempo para estar en casa y cuidar de Cachito.

Probablemente, también estaba tramando otra cosa.

Pero el punto más importante, y no hacía falta pensarlo mucho, era que al hacer esto, permitía que la ley lo retuviera, evitando así la tentación de salir del país a buscarla.

En este mundo, las únicas dos cosas capaces de ponerle un límite eran Valentina y la ley.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido