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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 216

Ariel se recargó en el respaldo del sofá, con un aire bastante relajado.

Su cara estaba pálida, pero sus orejas estaban rojas.

En la comisura de sus labios había una sonrisa indescifrable: —¿Crees que no sé cuántos son? Qué infantil.

Karina movió sus dos dedos, con mucha paciencia: —Ajá, sí sabes, ¿dime cuántos son?

Ariel, con la mirada perdida: —¿Por qué hay dos Karinas?

Extendió la mano para alcanzar los dedos de Karina.

La primera vez, agarró aire.

La segunda vez, también agarró aire.

—¿Por qué te mueves tanto?

Karina miró sus dedos que no se habían movido ni un milímetro, y se volvió hacia Melisa: —Confirmo que bebió demasiado, mañana amanecerá con amnesia.

Dicho esto, Karina se levantó.

Ariel le jaló el borde de la ropa: —Todavía no digo cuántos son.

—Tu respuesta ya no importa.

Karina sonrió levemente y negó con la cabeza.

Melisa dijo: —Es la primera vez que papá se emborracha, voy a prender las cámaras de la casa para que mañana papá vea lo tonto que se pone borracho.

—Jiji... —Melisa, como si hubiera encontrado algo divertido, fue a hacerlo.

Ariel levantó la vista rápidamente y miró la espalda alegre de Melisa.

Vaya hija que tenía...

Karina miró al hombre en el sofá; había cerrado los ojos.

Karina se inclinó y sacudió a Ariel: —No te duermas, Profesor Solano, espérate a que te lleve al cuarto.

Ariel no abrió los ojos borrachos, no se sabía si escuchó o no.

Karina se echó el brazo de él al cuello y jaló con fuerza, pero Ariel no cooperó.

Sentía el hombro como si cargara una piedra, lo que hizo que su cuerpo se fuera hacia abajo y cayera sentada justo en el regazo de Ariel.

Por la inercia, al hacerse hacia atrás, su hombro golpeó la nariz de Ariel, quien soltó un quejido de dolor.

Karina, preocupada, volteó la cabeza, y justo en ese momento él se sobaba la nariz y levantaba la barbilla.

Los labios finos y pálidos rozaron inesperadamente la barbilla suave de Karina.

Karina contuvo la respiración, aturdida.

Bajo los lentes de Ariel, la mirada se nubló y su cuerpo se puso rígido.

Antes de que pudieran reaccionar, se escucharon los pasitos «ta-ta-ta» de Melisa regresando.

Karina reaccionó y se levantó rápido.

Miró hacia atrás y vio a Ariel con aspecto de borracho; seguro mañana no recordaría nada.

Un accidente, no era para tanto; haría como que no pasó nada para evitar incomodidades.

Bajó la cabeza y le preguntó tranquila a Ariel: —¿Puedes levantarte solo?

Ariel se pellizcó el tabique dolorido, se apoyó en el sofá y se esforzó por levantarse.

Karina rápidamente se pasó el brazo de él por los hombros.

Esta vez fue fácil.

Solo que al llegar a la puerta de la habitación, Ariel no vio el tapete levantado, tropezó y se fue hacia el suelo.

Como estaban de pie, tenían espacio para maniobrar.

Karina reaccionó a tiempo, jaló a Ariel de regreso y lo abrazó por la cintura con ambas manos.

Si no supiera artes marciales y no tuviera fuerza física, seguro habrían caído los dos al suelo.

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