Martín golpeó la mesa furioso para refutar: —Imposible, mis cirugías siempre han tenido cero errores.
El pediatra dijo: —No dije que te equivocaras, pero hay que quitar el yeso para hacer una revisión más a fondo...
—Tú qué vas a saber, el yeso se quita mínimo a las 4 semanas, quitarlo ahora implica riesgo de desplazamiento de la fractura... ¿A poco sabes que Fabio es el presidente de Andes Chip y quieres lucirte frente a él? Vete, vete, mis asuntos de traumatología no te incumben.
El pediatra quería decir algo más, pero Martín, valiéndose de que era su superior, lo corrió.
—Ja, mocoso, queriendo robarme el crédito, ni lo sueñes.
Martín le recetó a Caro unos antipiréticos inyectables, antibióticos y medicamentos contra anaerobios.
Cuatro horas después, a Caro le bajó la fiebre y su ánimo mejoró mucho.
Pero tenía que quedarse hospitalizada con suero hasta que el tobillo no le doliera y la fiebre no regresara.
Selena cuidaba a Caro sin despegarse ni un momento, con una toalla húmeda limpia, secándole el sudor a ratos, tomándole la mano a otros, más maternal que una madre.
En realidad, por dentro estaba muy tranquila.
Caro era solo su herramienta para separar a Karina y Fabio.
Aunque también le tuvo cariño real a Caro, lo retiró a tiempo cuando Caro lloraba pidiendo a Karina.
—Mi vida, cuánto has sufrido.
Los ojos de Selena se enrojecieron, con un fondo de amargura e inquietud.
Caro lo vio y se llenó de emoción.
Desde que se lastimó, su tía la cuidaba mucho más que su mamá.
Pero en su corazón seguía extrañando a su mamá.
Si su mamá estuviera aquí, no lloraría frente a ella.
Le apretaría la nariz y diría: [Pequeña valiente, venciste a la enfermedad otra vez].
Caro sentía que le estaba fallando a Selena.
Disfrutaba de sus cuidados, pero pensaba en otra mujer...
El celular de Selena vibró mecánicamente, atrayendo la atención de todos.
Fabián, que seguía de pie detrás de Fabio, echó un vistazo a la pantalla y vio que el número terminaba en 6745.
Llamada de Ximena Guzmán.
Fabio notó que en el momento en que Selena tomó el celular, su cara palideció visiblemente.
Con la experiencia de las veces anteriores, Selena estuvo mucho más tranquila esta vez.
Pero si no contestaba las llamadas de Ximena continuamente, Ximena iría a buscarla a la Hacienda de las Rosas.
Tras colgar, Selena miró a Fabio y dijo:
—Otra vez llamadas de extorsión, ya no me atreveré a usar páginas web para leer novelas... Hermano, voy al baño un momento.
Fabio entrecerró los ojos.
La forma nerviosa en que Selena apretaba el celular como si fuera una bomba generaba sospechas.
Parecía ocultar algún secreto.
Giró levemente la cabeza y le dijo a Fabián que estaba detrás: — ¡Síguela!
Fabián siguió a Selena hasta el baño.
No podía entrar al de mujeres, así que fingió esperar a alguien afuera jugando con el celular.
La voz de Selena subía y bajaba de volumen; alcanzó a escuchar dos frases impactantes:
— ¿Te vas a casar?
— ¡Mírate en un espejo! ¿Por qué un hombre guapo y rico se casaría contigo?

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