Ariel Solano asintió.
Karina Quintana dijo de manera simple y directa: — ¡Pues que ella te agarre de un brazo y tú del otro, y listo!
Padre e hija se quedaron atónitos un momento y luego soltaron la risa.
En cuanto Melisa escuchó que le iban a sacar sangre, recordó esa sensación terrorífica de la aguja atravesando la piel y entrando en la vena.
Quería preguntarle a Karina si podía acompañarla.
Pero como era día laboral, le daba pena pedirlo por miedo a afectar el trabajo de Karina y causarle problemas.
Pero Karina entendió al instante la mirada de expectativa de Melisa.
No tuvo corazón para decepcionar a la niña, así que se ofreció: —Voy a pedir dos horas de permiso para acompañarlas.
Quince minutos de viaje después, llegaron a la sección de kínder del Colegio Internacional Roble.
El estacionamiento fuera de la escuela estaba lleno de coches de lujo.
Ariel cerró el carro y corrió para alcanzar a Karina y Melisa, con tono de queja: — ¿Ustedes dos no pueden esperarme? Caminan muy rápido.
Karina sonrió y dijo: —Es que tú eres muy lento.
— ¿Yo lento? —Ariel le mostró una a una las cosas que traía en las manos a Karina.
—El termo, la botella de agua y tu bolsa. Dime cuál de estas cosas se podía quedar en el carro.
Karina se sintió culpable y estiró la mano para tomar su bolsa, cuando se escuchó una risa a su lado.
Era la mamá de Jimena.
Bromeó diciendo: —Ustedes dos parecen un matrimonio de media vida.
Karina y Ariel se quedaron pasmados, se miraron un instante y Karina fue la primera en desviar la mirada.
Ninguno de los dos se apresuró a explicar que no eran un matrimonio de media vida; ambos sabían que, de hecho, no eran pareja en absoluto...

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