—Ella no tiene por qué darme nada a cambio. Claro que, si llegara a amarme, sería la mayor de mis fortunas. Mi amor por ella no necesita respuesta. Mientras ella sea Karina, yo la amaré.
Los ojos del hombre eran oscuros y brillantes.
Bajo la luz monótona y amarillenta de la lámpara, su mirada seguía siendo cálida y gentil.
Él, un hombre en la cima, admirado por todos, despreciaba la fama y la fortuna, y solo mostraba su bondad y devoción hacia Karina.
Esto hizo que incluso Tomás, profundamente enamorado de Nayeli, se sintiera inferior.
Tomás asintió de nuevo y pasó a los asuntos importantes.
—La información sobre la madre biológica de Selena que me pediste que investigara era incorrecta. No está muerta.
Ariel apenas levantó una ceja.
—Bien, busca la manera de que Karina se entere.
—¿Y después?
—Después, que Karina juegue como le plazca…
—De acuerdo —dijo Tomás, y se levantó para irse, notando que Ariel ni siquiera tenía la intención de acompañarlo a la puerta.
Se dio la vuelta.
Vio a Ariel cambiar el fondo de pantalla de su celular por una foto de él y Karina juntos, mientras su pulgar, adornado con el anillo inteligente, acariciaba una y otra vez la mejilla de Karina en la pantalla.
Tomás suspiró para sus adentros.
«…»
¿Quién se lo creería si lo contara?
El líder del Consorcio Panamericano, un hombre decidido y temido, tenía el cerebro frito por el amor. Fase terminal, ¡sin cura!
***
El martes, Karina le preguntó a Oliver Montoya sobre la conferencia de prensa del anillo inteligente.
Oliver le informó que el director Simón aún no había fijado el precio.
Karina fue a buscar a Simón para averiguar qué pasaba.
Al entrar en la oficina del vicepresidente, Simón la saludó con una sonrisa afable y un gesto de la mano.
—¡Directora Karina! Venga, venga, mire, no he hecho otra cosa en toda la mañana que pelar más de diez mil semillas de girasol.

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