Cuando Karina Quintana y Florencia Robles salían juntas, no era raro que los vendedores dijeran que parecían hermanas por su gran parecido.
Era normal. Bastaba con tener un perfil similar, una distribución parecida de los rasgos faciales o una línea de cabello semejante en algún punto para que la gente comentara el parecido.
Karina no le dio importancia.
Su celular vibró dos veces. Lo sacó para ver y era un mensaje de WhatsApp de un usuario llamado 1107.
[¿Ya llegaste al hospital?]
Karina: [Acabo de llegar.]
1107: [Quiero pedirte un favor.]
Karina: [¿Este cuenta como el tercer favor?]
1107: [Este favor puede saldar todas las deudas pendientes.]
«¿Qué favor podría ser tan importante?», se preguntó Karina.
Karina se despidió de Melisa y del doctor Sáez y se dirigió al área de neurocirugía para buscar a Ariel Solano.
No se esperaba, sin embargo, interrumpir un momento tan comprometedor para Ariel.
Alguien le estaba declarando su amor a Ariel con un ramo de lirios en las manos.
La mujer vestía un vestido blanco y llevaba el cabello suelto sobre los hombros, con las puntas ligeramente onduladas.
Era bastante alta, tanto que el vestido largo casi le quedaba como si fuera a media pantorrilla.
Sus piernas eran delgadas y de una blancura que parecía bañada por la luz de la luna.
Ariel, con una expresión serena, se masajeó el entrecejo con un aire de resignación.
La mujer parecía cohibida, sin atreverse a levantar la mirada.
Le ofreció los lirios a Ariel con ambas manos.
—Yo… yo en realidad quería comprar rosas… Profesor Solano, en cuanto lo veo, el corazón se me acelera y mis pensamientos se vuelven un caos… Fue amor a primera vista. Por favor, acépteme. Sé que tiene una hija y prometo tratarla como si fuera mía.
Karina notó que las manos de la mujer temblaban, su sonrisa era un poco forzada y todo su cuerpo denotaba nerviosismo.
A su alrededor, muchos médicos, enfermeras y pacientes observaban la escena.
Varias mujeres apretaban los dientes, murmurando: «¡No! ¡No! No la aceptes, por favor…».
Ariel se ajustó las gafas, su expresión fría contrastaba por completo con la atmósfera romántica del momento.
Algunos, sin embargo, empezaron a animar la situación: —¡Acéptala, acéptala!.
Justo cuando Karina se preguntaba qué favor querría pedirle Ariel, escuchó que él la llamaba suavemente.
—Karina, ven acá.
Ariel le sonrió y le extendió la mano.
Todas las miradas, incluida la de la mujer que se estaba declarando, se giraron para examinar a Karina.
Con esa escena y esa llamada tan sugerente, Karina comprendió de inmediato la intención de Ariel.
La había llamado para que actuara y se deshiciera de su pretendiente.
Como le debía un favor a Ariel, no podía negarse.
Sin embargo, para este tipo de favor… Ariel debería haberle dado un guion previo, de lo contrario, sería fácil que los descubrieran.
Por ejemplo, en ese momento, no sabía qué papel le había asignado Ariel.
¿Era la novia de la que se enamoró a primera vista? ¿O la madre de su hija con la que ya se había casado?
Karina decidió cooperar y se acercó a Ariel.
Resolvió mantener la boca cerrada y dejar que Ariel se encargara de inventar la historia.

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