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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 138

Los tres hombres parecían bien entrenados y se movían con una coordinación perfecta.

Uno sujetaba a Selena, otro sacaba algo de su bolsillo, y el tercero le rasgó la cinta adhesiva de la boca con un tirón seco.

Selena sintió como si la piel alrededor de sus labios se desgarrara, un dolor agudo como si la hubieran lijado.

No pudo evitar soltar un grito desgarrador.

Pero el hombre que había sacado algo del bolsillo reveló un puñado de chiles y se los metió bruscamente en la boca.

Se los embutió hasta que no cupo ni uno más.

Selena era incapaz de tolerar el picante.

Incluso si Belén añadía una rodaja de jengibre al guiso, ella la apartaba.

De repente, sintió como si una bola de fuego explotara en su boca.

Las llamas le quemaron la garganta y el ardor subió hasta su cerebro.

Los chiles, mezclados con saliva, bajaron por su garganta. Instintivamente, tragó, y el picante continuó su camino por el esófago hasta el estómago.

El recorrido fue como lava de un volcán en erupción; sentía que su cuerpo se estaba incinerando por dentro.

Lágrimas y mocos brotaron sin control de su rostro.

La delicada y hermosa joven se convirtió en un desastre, perdiendo toda su compostura.

Pero eso no fue todo.

Mientras Selena escupía frenéticamente los chiles, los tres hombres la levantaron y la arrojaron a un montón de basura.

Selena sintió que preferiría estar muerta.

Cada parte de su cuerpo sufría un tormento, y el hedor del basurero le robaba el último aliento.

Tosió, ahogándose, mientras intentaba salir de allí.

La persona vestida de negro se acercó, la agarró del pelo y la arrastró de nuevo hacia la basura.

Su acción fue brutal, como si albergara un profundo odio.

Selena sintió un dolor agudo en el cuero cabelludo y gimió de dolor, protegiéndose instintivamente la cabeza con las manos.

Pero la persona aplicó más fuerza hacia abajo.

Le presionó la nuca y hundió su rostro por completo en el montón de basura.

El olor era insoportable, como huevos podridos de meses, paralizando su sentido del olfato al instante.

Los tres hombres se rieron con malicia.

—Muñequita, más te vale pensar bien si vas a contar lo de esta noche.

—En medio de la nada, a estas horas, una mujer sola con varios hombres...

—Tsk, tsk, tsk... Me temo que aunque tuvieras mil bocas, no podrías explicarlo.

Tras decir eso, le escupieron y se marcharon hablando con un marcado acento de Puerto Velero.

Ni siquiera cuando de niña la llamaban bastarda se había sentido tan miserable como en ese momento.

Lloró, tembló, vomitó...

Casi perdió la vida antes de lograr salir del basurero.

Era agosto y las moscas la rodeaban, sin que pudiera espantarlas.

La asfixia y las náuseas la abrumaban.

Un relámpago azul rasgó el cielo, iluminando toda la montaña.

Los ojos de Selena casi se salieron de sus órbitas.

Se le marcaron las sienes y las venas del cuello y su rostro se contorsionó en una mueca de furia.

—¡Karina, esto no se va a quedar así!

***

Al pie de la montaña.

Karina se quitó los guantes y el cubrebocas, revelando su rostro afilado y de rasgos finos.

Los tres hombres, aprovechando que aún no llovía, amontonaron los guantes y cubrebocas y los quemaron por completo con un encendedor.

Karina sacó varios fajos de billetes que había preparado de antemano del bolsillo de su chamarra de cuero.

—Para que se tomen algo, muchachos.

Los tres hombres no se hicieron de rogar, tomaron el dinero y se lo guardaron en los bolsillos.

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