—No podemos seguir llamándolo «el Presidente» todo el tiempo, ¿o sí? ¿Cuál es su apellido?
—Su apellido es...
Simón casi cae en la trampa de Karina.
—Directora Karina, no intente sonsacarme. No puedo revelar ni el más mínimo detalle sobre la identidad del Presidente.
Karina había oído algo al respecto de boca de ese par de la familia Torres. Decían que los presidentes del consorcio no solían durar mucho en el cargo, pues eran vulnerables a asesinatos. La razón por la que quería indagar era por aquel chisme que le contó el director Simón, ¡quería ver si tenía alguna relación con ella!
Simón la miró de reojo y tomó otro sorbo de té.
Karina continuó intentando sacar información:
—Y dígame, ¿cuántos años tiene el Presidente?
Simón escupió el té que estaba bebiendo. Karina se apresuró a darle una servilleta.
Limpiándose la boca, Simón preguntó asombrado:
—Directora Karina, ¿por qué dice eso?
—Bueno, es que después de que me contó la historia de que el Presidente se enamoró de la esposa de un ejecutivo de Andes Chip, me dio curiosidad —dijo Karina con una sonrisa—. Escuché que ya es un anciano, y que aún pueda ser tan apasionado es... conmovedor.
Simón se rio a carcajadas.
—¡Sí, sí! Es bastante mayor que yo. La primera mitad de su vida fue un mujeriego, la segunda, un romántico empedernido. ¡Ja, ja, ja, ja!
Karina se quedó sin palabras.
—Directora Karina, venga un momento, por favor.

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