Si la Directora Calderón la llamaba, debía ser algo urgente. Eliana le explicó con suma educación a Don de Soto la importancia de la llamada, se alejó unos pasos y contestó el teléfono.
—¿Estás seguro? —preguntó el anciano en tono neutral, lanzando una breve mirada hacia Eliana.
—Sí —respondió César, quien sabía perfectamente a qué se refería su abuelo, siendo tan directo como siempre.
—Y entonces, ¿qué explicación planeas darle a la familia Guerrero? —preguntó el abuelo, refiriéndose al compromiso que César había aceptado con Regina Guerrero.
—Regina no es la única nieta de la familia Guerrero, y yo no soy el único soltero de mi generación en la familia de Soto. —Con esas palabras, dejó claras sus intenciones de una vez por todas.
Al ver la firmeza en el rostro de César, el abuelo decidió no decir nada más. Sabía que, si seguía insistiendo, solo lograría el efecto contrario.
—No voy a entrometerme en con quién sales en privado. Entiendo que los jóvenes se atraigan, pero, si ella va a entrar oficialmente a la familia de Soto, es algo que tienes que pensar con mucho cuidado.
Dejó la puerta entreabierta; no se negó rotundamente.
—Abuelo... —comenzó César, pero el anciano lo interrumpió.
—Suficiente. Damos este tema por terminado —dijo, notando que Eliana había terminado la llamada y caminaba hacia ellos.
—Tiene que ser ella, no hay otra —aseguró César con total convicción. Estaba de espaldas a Eliana y no se dio cuenta de que ella ya estaba lo suficientemente cerca como para escucharlos.
—La familia de Soto o ella; solo puedes elegir una. Y si te empeñas en quedarte con ella, antes de irte, debes dejar un heredero. Yo te crié y te formé a ti, y también puedo formar a la próxima generación —dijo el abuelo, con palabras duras y afiladas. Había visto a Eliana acercarse, pero actuó como si no le importara en absoluto que lo escuchara.

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