Don Octavio notó que su excusa era casi impecable.
Regina volvió a preguntar:
—Abuelo, ¿hay algún problema? ¿Acaso hice algo mal?
Don Octavio solo pronunció una oración:
—¿Acaso no sabes que Rose es Eliana? —Dicho esto, sin esperar la reacción de su nieta y dándole una última mirada llena de decepción, se dio la vuelta, hizo que el chofer arrancara y se marchó, dejando a Regina petrificada en la entrada.
En ese instante, Regina sintió como si un rayo le hubiera caído en la cabeza.
Mientras tanto, en el set del programa, el escándalo y los murmullos habían estallado por completo.
Cuando el presentador le preguntó a Eliana si hasta se había atrevido a imitar la firma de Rose, ella soltó una carcajada:
—Su experta misteriosa es Rose, ¿verdad? ¿Por qué no hacen la videollamada y se lo preguntan directamente a ella?
El productor, desconcertado por cómo Eliana podía saber ese dato, ordenó a su equipo intentar comunicarse de nuevo con Rose a toda prisa.
Pero, en ese exacto instante, Eliana pidió disculpas, sacó su celular frente a todos, contestó una llamada y activó el altavoz.
En el mismo segundo, la gran pantalla indicó que la conexión con Rose se había establecido con éxito, y la voz del presentador retumbó simultáneamente desde los altavoces del estudio y desde el auricular del teléfono de Eliana:
—Señora Rose, muy buenas tardes.
Un silencio sepulcral invadió el set por unos segundos antes de que estallara de nuevo el murmullo.
—¿Escuché mal? ¿Por qué se escucha la voz de la presentadora desde el celular de Eliana?
Mientras la confusión reinaba, algunos ya comenzaban a atar cabos:
—¿No me digas que...?
Entonces, Eliana habló directamente al auricular de su teléfono:

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