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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 238

Aunque Eliana tuviera diez cerebros, jamás se le habría ocurrido que la estaban acusando de plagio. Se había asegurado meticulosamente de que las obras bajo su nombre y las que pintaba como 'Rose' tuvieran estilos diametralmente opuestos.

Fuese cual fuese el complot, si no asistía, no habría problema.

Rápidamente, redactó el mismo mensaje desde el correo de Eliana y el correo de Rose, declinando la invitación de *El Legado*: [Lamento informarles que, debido a problemas de agenda, no podré asistir. Gracias por la invitación.]

Eliana dejó escapar un suspiro de alivio.

Por alguna razón que no lograba comprender, este cansancio la hacía pensar constantemente en César de Soto. Lo recordaba mucho más que antes. Solo cuando él estaba cerca se sentía verdaderamente a salvo.

Se preguntó cómo estaría César en ese momento.

Y la verdad era que César no la estaba pasando nada bien.

Tras regresar en secreto a Portugal, César reunió a sus hombres de confianza y, con tácticas implacables, comenzó a recuperar las minas de la familia. El avance fue abrumadoramente rápido.

Su tío mayor, Joaquim de Soto, no era un estúpido, pero tampoco era brillante. Era un hombre bastante mediocre.

Pero había sido precisamente ese hombre mediocre el que había causado estragos en el Consorcio de Soto durante las últimas dos décadas. Ese mismo hombre mediocre había asesinado al padre de César hace veinte años, lo había envenenado a él obligándolo a exiliarse en Valdemar por problemas de salud, e incluso había puesto en peligro la vida de su abuelo.

El éxito de Joaquim radicaba en dos cosas. La primera: su crueldad despiadada. No le importaban los lazos de sangre; cualquier familiar era una pieza sacrificable. Y la segunda: su atractivo físico.

La genética de la familia de Soto era excepcional, llena de hombres y mujeres hermosos. Joaquim era el mejor ejemplo. A sus cincuenta años se conservaba maravillosamente, luciendo un rostro por el que muchas mujeres darían la vida. Y la madre de César, Blanca de Soto, era una de esas mujeres dispuestas a quemarse en su fuego.

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Capítulo 238 2

Capítulo 238 3

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