Así que buscaron en privado a los estudiantes del equipo de excavación que habían esparcido los rumores, exigiéndoles que borraran las publicaciones originales y mantuvieran la boca cerrada. Al mismo tiempo, les dejaron muy claro que Eliana había sido contratada personalmente por la Directora Calderón como asesora experta, y que no había ningún tipo de favoritismo.
Justo cuando parecía que las aguas de la opinión pública empezaban a calmarse, ocurrió lo impensable. A altas horas de la madrugada, un mensaje publicado por Manuel Romano volvió a echar leña al fuego: [Mi esposa, Eliana, aún es joven y le falta madurez, pero su deseo de servir a nuestro país es genuino. En su nombre, les pido disculpas a todos. Por favor, comprendan sus buenas intenciones y su sinceridad.]
Aquello cayó como una bomba. Ese mensaje, que parecía el acto de un esposo protector, en realidad confirmaba a los ojos de todos las acusaciones en contra de Eliana.
Las redes sociales explotaron: [¡Si hasta su marido sale a pedir perdón por ella, es obvio que entró por influencias! ¡Está confirmadísimo!]
Por supuesto, no faltaron los amantes de los romances de alta sociedad: [El señor Romano la ama con locura. Estar dispuesto a dar la cara por semejante desastre solo lo hace un hombre increíble.]
Penélope Calderón jamás imaginó que el incendio que tanto le había costado apagar sería reavivado nada menos que por el esposo de Eliana. O, mejor dicho, su exesposo.
Dado que Eliana participaba en un proyecto nacional de máxima prioridad, Penélope, por supuesto, había ordenado una investigación de sus antecedentes. Al recordar los informes que había leído y ver la publicación de Manuel, sacudió la cabeza con desaprobación. Llamó a su asistente y le dio instrucciones precisas.
A esa misma hora, Manuel seguía en su oficina. Suspiró profundamente. Se había quedado trabajando hasta la madrugada por culpa del escándalo de Eliana. Siempre que se quedaba hasta tarde era por negocios de la empresa, pero esta vez, lo había hecho exclusivamente por ella.
En ese momento, su pecho rebosaba de un profundo sentimiento de felicidad. Estaba seguro de que, a esas alturas, Eliana ya habría visto todo lo que él había hecho por ella. Si toda internet estaba conmovida por su historia de amor, ella también lo estaría.
Aunque su cuerpo estaba exhausto, su mente no paraba de trabajar, llena de una secreta y ansiosa esperanza.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La doble vida de la esposa traicionada