Un grupo de expertos rodeaba la mesa del laboratorio, con los rostros demacrados y las ojeras marcadas; llevaban un día y una noche enteros intentando resolver el enigma sin éxito.
Desde que llegó, Eliana no había parado de trabajar, analizando y debatiendo con los profesores. Aunque no era una experta pura en arqueología, tenía años de experiencia tratando y restaurando papel de arroz antiguo, frágil, enmohecido y carbonizado, así que sus conocimientos resultaron ser invaluables.
La luz del laboratorio era intensa, pero el ambiente estaba pesado, casi asfixiante.
Eliana mantenía la vista fija en la masa negra. La textura le recordaba demasiado a la del papel de arroz carbonizado, aunque la flexibilidad parecía distinta. Tras meditarlo unos segundos, lanzó una propuesta arriesgada: —Si no tenemos otra alternativa, ¿por qué no intentamos una separación física? La estructura y el comportamiento de esta masa negra se parecen mucho a los documentos carbonizados que he restaurado. Podríamos aplicar los mismos principios técnicos; hay posibilidades de que funcione.
Un silencio absoluto llenó la habitación. Al principio, los profesores mayores cruzaron miradas escépticas. Les parecía una locura total; ¡ni siquiera sabían de qué material estaba hecho y esta chica sugería experimentar a ciegas! Si se equivocaban, el artefacto se destruiría para siempre, y ¿quién iba a cargar con semejante responsabilidad?
Pero Eliana continuó explicando, y su impecable lógica comenzó a convencerlos: —Podemos aumentar la humedad del aire dentro de un ambiente controlado de manera muy gradual. Si notamos que la masa negra empieza a ablandarse o a expandirse ligeramente, significaría que el material reacciona de forma parecida al papel, lo que confirmaría que nuestra teoría es correcta. Si no hay ninguna reacción, nos detenemos inmediatamente. De esta forma, el riesgo de dañar la pieza se reduce casi a cero.
Los expertos se miraron de nuevo, pero esta vez, el escepticismo en sus ojos dio paso a una clara admiración. Ese diseño les permitía intentar el procedimiento con un margen de error seguro.
Mientras más lo analizaban, más brillante les parecía.
—Excelente propuesta, excelente. Hay que admitir que la señorita Lamas tiene una mente muy rápida.
—¡Hagámoslo así!


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