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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 205

Muy interesante. Una sonrisa torcida y siniestra se dibujó en el rostro de Damián Salazar.

Un método tan burdo le recordaba demasiado al estilo que cierta persona de la familia Guerrero había utilizado veinte años atrás. Se quedó pensativo un momento y, sin prisa, dio media vuelta para bajar nuevamente al salón de banquetes.

Regina acababa de retocarse el maquillaje y salía del tocador con aires de superioridad. De repente, sin previo aviso, un hombre la sujetó brutalmente por la espalda. Una mano áspera le tapó la boca y la nariz, cortándole la respiración. Con movimientos rápidos, precisos y llenos de experiencia, el hombre la arrastró hacia las escaleras de emergencia más cercanas.

Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos, sin hacer ruido, pasando completamente desapercibido para los demás invitados.

Regina fue empujada con violencia contra la pared, con el rostro aplastado contra el cemento, raspándose las delicadas mejillas. El hombre detrás de ella no mostró ni una pizca de piedad; con un brazo inmovilizaba cada uno de sus intentos de escapar, mientras la otra mano vagaba sin pudor por su cuerpo, deslizándose atrevidamente bajo la tela de su vestido.

¿Un pervertido? Regina sentía una mezcla de humillación y furia. Trató de gritar: —¡Suéltame!

El hombre no detuvo sus manos. Apretando los dientes, Regina intentó cambiar de táctica y persuadirlo: —Todos los invitados de este banquete son gente de poder y dinero. Si haces esto, ¿no te da miedo arruinar tu reputación? Sé que te gusto, pero podemos ir a otro lugar, conocernos poco a poco, ¿no te parece mejor?

Por la calidad de la tela de su traje, Regina dedujo que debía ser uno de los invitados de la fiesta. Si lograba zafarse de esta, ya encontraría la manera de destruirlo.

Pero antes de que pudiera elaborar un plan, la mano del hombre encontró lo que buscaba. De uno de sus bolsillos extrajo un frasco de vidrio del tamaño de un dedo, lleno hasta la mitad con un polvo blanco.

El hombre acercó el frasco a su nariz, lo olió y dejó escapar una risa helada. Tal como sospechaba: un afrodisíaco extremadamente potente. Bastaba una pizca para convertir a cualquiera en una masa obediente y sin voluntad.

La confirmación de sus sospechas solo alimentó el desprecio en su mirada.

Capítulo 205 1

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