Cuando Eliana terminó de dar las indicaciones y giró la cabeza para ver quién estaba detrás, solo alcanzó a ver las espaldas de dos personas alejándose. Sin darle más importancia, volvió a concentrarse en su delicado trabajo.
Regina, por su parte, pasó los primeros dos días intentando aparentar humildad y buscando desesperadamente una oportunidad que le permitiera destacar y ganarse el favor de algún experto. Pero pronto desistió. Todo lo que le asignaban eran tareas menores y repetitivas, que no tardaron en aburrirla.
Lo peor de todo eran las condiciones de vida. Aquello era un infierno para ella. Dormir en un galpón de metal donde el viento helado se filtraba por las rendijas, en literas que rechinaban con cada movimiento, y tener que hacer filas eternas en los baños públicos solo para conseguir un poco de agua caliente. Regina no soportaba un minuto más.
Al tercer día, colapsó por completo. Ya no le importaba ni la Asesora Lamas, ni el Profesor Fuentes, ni el prestigio del proyecto.
Como ya había terminado de clasificar el lote de pinturas, le inventó a uno de los trabajadores que otro equipo había solicitado su ayuda y se marchó rápidamente.
Al darse cuenta de que a nadie le importaba realmente lo que hacía, Regina aprovechó para escapar.
Subió a una furgoneta de lujo que había pedido en secreto y suspiró aliviada mientras devoraba sashimi traído en vuelo privado exclusivamente para ella.
«¿Qué más da? Penélope Calderón está a cientos de kilómetros de aquí. En ese campamento hay demasiada gente, nadie va a estar pendiente de una simple interna», pensó con desdén.
Sin embargo, Regina no era tonta. Sabía que el proyecto terminaría en una semana y media, así que su plan era regresar al campamento esporádicamente para "hacer acto de presencia" y crear la ilusión de que había estado trabajando arduamente todo el tiempo. Una vez concluido el proyecto, podría agregar ese prestigioso logro a su currículum.
Tomó su teléfono y revisó las fotos que había tomado discretamente en el campamento. Eligió algunas donde parecía estar interactuando con los expertos, las editó con cuidado para mejorar su aspecto y las publicó con el texto: [Tuve el honor de colaborar codo a codo con los mejores expertos de diversas áreas.]
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Eliana había ido al campamento por dos razones clave: la primera, realizar un tratamiento de emergencia para evitar que las pinturas y documentos recién desenterrados sufrieran daños irreversibles; la segunda, enseñar personalmente las técnicas de separación de capas a los especialistas del equipo.



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