La transmisión en vivo a través de internet comenzó en ese preciso instante.
Los miembros del jurado repasaban rápidamente las pantallas, formándose una idea general de los conceptos que cada competidor planeaba ejecutar.
El impresionante desempeño de Eliana en la ronda anterior había dejado una marca imborrable en Penélope Calderón, motivo por el cual le prestaba una atención especial. Mantenía sus ojos fijos en el monitor que mostraba a Eliana, con una expresión de profunda intriga.
Ella había optado por una técnica tradicional de pigmentos intensos. Si bien su técnica era innegablemente sólida, en comparación con la genialidad desbordante que mostró en la ronda pasada, esta obra se sentía bastante conservadora.
*Quizás su única prioridad es asegurar que la obra esté lista en los tres días de plazo, yendo a lo seguro*, pensó Penélope, dejando escapar un leve suspiro. Si ese era todo su plan, no tendría la más mínima oportunidad de llevarse el primer lugar.
Además —frunció el ceño— la paleta de colores de Eliana era bizarra, por decir lo menos. ¿Por qué usar tonos grisáceos en las zonas que requerían la máxima iluminación? ¿Y por qué pintar de color pardo un fondo que claramente exigía un rojo vibrante?
Eliana era completamente ajena a las especulaciones externas. E incluso si lo supiera, no le habría importado lo más mínimo.
Ella seguía absorta, aplicando esos pigmentos sobre el papel con trazos firmes y decididos, sin un ápice de duda.
Sabía perfectamente que, en ese momento, los colores se veían grotescos. Pero llegado el tercer día, el día de la evaluación, esos pigmentos adulterados se habrían evaporado por completo, revelando la verdadera obra y los colores auténticos que yacían debajo.
La destreza y velocidad de Eliana eran asombrosas. En menos de veinticuatro horas, había completado **El Canto del Fénix**, una obra magistral de pigmentos intensos.
La esencia de un fénix desplegando sus alas, a punto de emprender el vuelo, parecía querer salirse salir del papel. Cada filamento de sus plumas estaba trazado con una nitidez y un realismo estremecedores. En pocas palabras, salvo por lo grotesco de los colores, era una obra de arte impecable.
—Una verdadera lástima —murmuraron para sus adentros muchos de los expertos que seguían su transmisión. Terminar una pieza de tal complejidad en menos de un día, cuando el límite eran tres, hablaba de un nivel técnico fuera de serie.
Justo cuando todos daban por sentado que había concluido su trabajo, vieron a Eliana extender una hoja en blanco.
—¿Qué está haciendo ahora? ¿Acaso va a pintar un tríptico?


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