Al escuchar esas descripciones, los rostros de Yolanda y Zoe se contorsionaron de inmediato.
La esposa del primogénito no tenía un origen distinguido; había logrado entrar a la familia Guerrero únicamente a base de artimañas y presentándose con un embarazo. Antes de casarse, su familia era más pobre que las ratas. Una vez dentro, se dedicó día y noche a estudiar etiqueta para parecer una verdadera dama de la alta sociedad.
Después de tantos años, escuchar a Eliana sacar a relucir ese pasado le hizo sentir que la fachada que tanto se esforzó en construir había sido arrancada de tajo, dejándola expuesta.
Por su parte, Zoe, la esposa del segundo hijo, era literalmente la amante que había desplazado a la esposa legítima.
Eliana acababa de describir como "prodigio del piano" a la verdadera primera esposa.
De estos oscuros secretos familiares, Regina y Gustavo claramente no sabían nada.
Yolanda le había lavado el cerebro a Regina toda su vida, asegurándole que sus padres provenían de linajes ilustres, y Regina siempre se había sentido orgullosa de ello.
Pero ahora, resultaba evidente que el origen de su madre no era tan noble como le habían hecho creer. Regina miró a Yolanda con una mezcla de su habitual admiración y un escrutinio cargado de dudas.
Regina clavó sus ojos en Eliana, casi retorcida por la envidia: ¿Por qué? ¡¿Por qué la madre de esa cualquiera sí provenía de un linaje impecable y el suyo no?!
Por el otro lado, Gustavo, con su habitual falta de tacto, soltó: —Mamá, ¿así que sabes tocar el piano? ¿Por qué nunca me lo dijiste?
Esa pregunta fue la gota que colmó el vaso para Zoe, quien estalló con voz chillona: —¿Acaso crees que tu madrecita era una santa? Esa mujer en sus tiempos...
—¡Basta!
—¡Cállate!

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