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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 143

Manuel aprovechó la indicación y tomó la mano de Eliana.

Sus dedos estaban fríos, tanto que Manuel sintió un pequeño escalofrío al rozarla.

Los dos comenzaron a caminar lentamente por el sendero. Al principio, Eliana estaba llena de resistencia, pero al ver al adorable mapache en su recinto, algo en su pecho se relajó.

Si lograba ignorar al hombre detestable que caminaba a su lado y tomaba el día simplemente como un paseo para despejar la mente, la verdad es que no estaba nada mal.

Poco a poco, su atención se centró por completo en los animalitos: los mapaches, las jirafas, los monos. Empezó a disfrutar genuinamente de la experiencia.

Mientras tanto, Manuel caminaba casi de perfil, sin poder quitarle los ojos de encima, mirándola con una devoción absoluta. Para él, Eliana se veía impresionantemente hermosa en ese momento.

El fotógrafo, envuelto por esa atmósfera casi mágica, bajó la voz instintivamente y siguió tomando fotos en completo silencio.

Al finalizar el recorrido, el fotógrafo revisó las imágenes en su cámara y no paraba de elogiarlos.

—Ustedes son verdaderamente almas gemelas, el uno para el otro. Los rumores de la prensa son absolutamente ridículos —comentó maravillado.

—Ya que terminamos con la sesión, me retiro —dijo Eliana. Su sonrisa desapareció en un instante, adoptando una expresión fría mientras retiraba bruscamente su mano de la de él.

—Esta noche... ¿y si no te vas? —preguntó Manuel en un tono tentativo.

—¿Mmm? ¿Qué dijiste?

Eliana estaba distraída. Había sacado un paquete de toallitas húmedas de su bolso y se estaba frotando los dedos con una dedicación meticulosa, limpiando cada milímetro de piel que Manuel había tocado.

Él, que aún seguía sumergido en la dulzura de la tarde, sintió cómo toda su ternura se congelaba al verla.

—¿Qué... qué estás haciendo?

—Desinfectarme. ¿Quieres una? —respondió ella, ofreciéndole casualmente una toallita—. Es muy importante mantener la higiene. Los zoológicos son lugares públicos llenos de bacterias. Acabas de tocar las barandas y quién sabe qué otras porquerías sucias agarraste por ahí.

Manuel miró su mano derecha, donde aún sentía el calor residual de la pequeña mano de Eliana.

Capítulo 143 1

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