¡Se llevó un gran susto!
Antes de que Eliana pudiera reaccionar, una presencia abrumadora la rodeó en la oscuridad. En un instante, se encontró atrapada en un abrazo ardiente que la acorraló contra la fría madera de la puerta.
De inmediato, un beso agresivo e invasivo se apoderó de ella.
El hombre usaba tanta fuerza que Eliana quedó inmovilizada. Cuando por fin reaccionó y se preparaba para encontrar el momento exacto para morderlo, percibió ese familiar aroma frío y penetrante.
Se quedó pasmada por un segundo, y su cuerpo se debilitó.
Al notar su reacción, el hombre dejó escapar una risa profunda y ronca. Aprovechó su vulnerabilidad para profundizar el beso, sin darle tregua.
Su mano grande y firme se enredó en la nuca de Eliana, mientras la otra descendía acariciando su mejilla, deslizándose por su cuello y recorriendo las curvas de su vestido, hasta aferrarse a su cintura con precisión, atrayéndola aún más hacia su cuerpo.
—Mmm...— Eliana estaba roja por la falta de oxígeno, perdiendo las fuerzas lentamente, y lo único que pudo hacer fue aferrarse con ambas manos a la chaqueta de traje de él.
Pasaron diez largos minutos antes de que el hombre la soltara. En la oscuridad, acarició los labios hinchados de Eliana y murmuró con voz ronca:
—Divórciate de él.
Eliana, al fin libre, jadeaba pesadamente, con el pecho subiendo y bajando de manera agitada. Había sido sometida con tanta rudeza que sus ojos se llenaron de un ligero enrojecimiento.
Al recordar el comportamiento de patán de César en las sombras y la imagen de él riendo junto a Regina en el salón, Eliana endureció el gesto y lo empujó por el pecho: —No sé quién se cree que es para exigir algo tan ridículo. Pero, considerando que besa bastante bien, si se va ahora mismo, haré de cuenta que solo me mordió un perro callejero—.
César soltó una carcajada amarga. Luego, volvió a inclinarse, y su aliento cálido rozó su rostro mientras hablaba con voz ronca: —Ya que no sabes quién soy, entonces me esforzaré un poco más y te haré mía aquí mismo. Supongo que no te molestará, ¿verdad?—
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