Mientras tanto. Darío Soler le entregaba a Valeriano Sandoval los nuevos documentos que había investigado.
—Échales un vistazo y dime si ves algo raro en esta información.
Thiago Silva, al ver la escena, no pudo evitar acercarse a mirar, murmurando con curiosidad:
—Esa cara larga no augura nada bueno. ¿Acaso te metiste en problemas con mujeres en Puerto Esperanza y quieres que Valeriano te limpie el desastre?
El apuesto rostro de Darío se oscureció. Unos segundos después, soltó una carcajada cargada de sarcasmo.
—¿Crees que soy como tú, que ni siquiera puedes manejar tus propios líos de faldas?
Thiago chasqueó la lengua y se giró hacia Valeriano, fingiendo inocencia.
—Valeriano, ¿te acuerdas de cuando Darío se empeñó en estudiar medicina hace unos años? ¿No dijo que lo hacía porque había conocido a «la mujer de su vida»?
Al mencionar el pasado, la sombra de tristeza en los ojos de Darío se hizo más profunda.
—¿Cuánto tiempo ha pasado de eso y tu cerebro de mosquito aún lo recuerda?
Pero Thiago estaba decidido a sacarle los trapos sucios y continuó bromeando:
—No importa cuánto haya pasado. El caso es que, después de tres años, sigo sin ver a esa «mujer de tu vida». Eso solo prueba que no tienes talento para el romance.
Darío, al ver que Thiago no iba a detenerse, respondió con voz helada:
—Y tú, que siempre andas huyendo de una jauría de mujeres, ¿eres todo un experto?
—Ya dejen de pelear —los interrumpió Valeriano, frunciendo el ceño. Echó un vistazo a la pila de documentos frente a él y giró su rostro elegante y ligeramente pálido hacia Darío. Su tono era sereno y profundo—. ¿Por qué sigues investigando a tu hermana?
La Familia Soler siempre se había caracterizado por su rigurosidad a la hora de hacer las cosas. Rara vez perdían tiempo investigando un asunto más de una vez. Había pasado bastante tiempo desde el incidente, ¿por qué Darío seguía indagando en el pasado de Roxana?
Fue entonces cuando Thiago se dio cuenta de que el nombre en los documentos era el de Roxana. Su expresión se llenó de desaprobación.
—¿No me digas que su familia ya no quiere aceptarla? Déjame decirte una cosa, si no la quieren, ¡yo me la quedo y no dudaré en llevármela!
Todavía recordaba vivamente la forma en que la chica había destrozado verbalmente a las hermanas Soler y a la madre e hija de la Familia Maldonado la última vez. Esa actitud le había encantado.
Al escucharlo, Darío casi saltó del sofá.
—¡¿Qué estupideces estás diciendo?! ¡Es mi hermana! Te sugiero que mantengas tus sucias intenciones lejos de ella, o te arrancaré la piel a tiras.
Thiago, sin inmutarse lo más mínimo, volvió a burlarse:


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA