En cuanto Darío salió, Thiago miró a Valeriano con una sonrisa astuta.
—Ese archivo que leíste hace rato tiene algo raro, ¿verdad? ¿Por qué no se lo dijiste?
Valeriano, sentado en su silla de ruedas, mantenía un semblante sereno, emitiendo un aura de frialdad que mantenía a cualquiera a raya.
—No hay nada raro. Estás imaginando cosas.
Thiago soltó una carcajada suave.
—Puedes engañar a cualquiera, pero a mí no. De hecho, me da la impresión de que esa «verdadera hija» oculta algo interesante. De no ser así, no habría logrado hundir a las hermanas Soler ni a la Familia Maldonado tan fácilmente la última vez.
Valeriano giró la cabeza levemente. Su perfil perfecto revelaba las venas tenues bajo su piel de porcelana, extendiéndose desde el lóbulo de la oreja hasta la nuca.
Cuando bajó la mirada, sus largas pestañas proyectaron sombras debajo de sus ojos.
—No es una chica cualquiera. Por eso te sugiero que te mantengas alejado si aprecias tu vida.
Aún recordaba la primera vez que la vio, con esa actitud rebelde y rencorosa, siempre dispuesta a devolver cada golpe. Tenía una presencia poderosa y decisiva que le salía de los huesos, algo que era casi imposible de disimular, por más que ella lo intentara.
En cuanto al documento, efectivamente, no tenía nada de malo.
Y precisamente ahí radicaba el mayor problema: era imposible que una persona como ella tuviera un historial tan terriblemente normal.
Thiago se encogió de hombros, restándole importancia.
—Está bien, lo tendré en cuenta.
***
Universidad del Sur.
La competencia de selección de la Academia de Élite estaba a punto de comenzar. Más que un examen, era una forma de destacar a los estudiantes más sobresalientes de la escuela.
Todos en la academia estaban estudiando como locos, dando su máximo esfuerzo en los preparativos.
Excepto Roxana, quien había sido la primera en soltar amenazas, pero se la pasaba deambulando tranquilamente por los pasillos.
Tras observarlos por unos días, se dio cuenta de que el nivel de la Academia de Élite era superior al de muchas universidades de prestigio. El esfuerzo del viejecito no había sido en vano.
Aunque la Universidad del Sur tenía reglas de acceso muy estrictas, esos supuestos «sistemas de seguridad» no significaban nada para ella. Sin embargo, entrar y salir a escondidas todos los días sería una molestia. Ya que iba a quedarse allí por mucho tiempo, decidió que debía trasladar parte de sus asuntos al campus.
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