Al escuchar las palabras de Brenda, los ojos de Yara brillaron de forma imperceptible.
De hecho, se había tirado al suelo a propósito al ver que Brenda y su grupito se acercaban. Su única intención era incomodar a Roxana y vengarse de la humillación que le hizo pasar en la mansión Sandoval.
¡Pero jamás imaginó que le servirían en bandeja de plata un chisme tan jugoso como que Roxana andaba de fácil con varios hombres! Su lado dramático salió a relucir con todo su esplendor.
—¡No! ¡Eso es mentira! ¡Roxana no es ese tipo de chica, seguro vieron mal! —negó Yara, fingiendo desesperación.
Al ver que Roxana no decía nada, Yara insistió, como si tratara de ayudarla.
—Roxana, por favor, explícales. Si no dices nada, ¿qué va a pensar la gente de ti?
El escándalo empezó a atraer a más y más estudiantes.
Los guardias de seguridad intentaron dispersar a la multitud, pero terminaron quedándose a ver el chisme ellos también.
A Roxana le irritaban profundamente esas chiquilladas.
—No dormir en el campus es cierto, pero pedí permiso al rector por adelantado. ¿Pero eso de irme de cualquiera? A ver, explíquense.
—¿T-todavía tienes el descaro de pedir que lo digamos? ¡Qué sinvergüenza! —exclamó Brenda, mirándola con repulsión.
Roxana mantuvo una mirada serena y aburrida.
—¿Por qué no habría de decirlo? ¿O será que es un chisme inventado y por eso no te atreves? Si es así, te puedo dar un empujoncito para que le hagas compañía a Marco Sarmiento en la calle.
Mencionar a Marco Sarmiento hizo que a Brenda le hirviera la sangre. Su familia había movido cielo, mar y tierra para mantenerla en la Universidad del Sur. Si Roxana usaba su alias para atacarla, su familia se iría a la ruina.
Tragándose la rabia, sacó su teléfono, buscó la publicación viral del foro y se la puso en la cara.
—¡Míralo con tus propios ojos!
Roxana ni siquiera tomó el celular. Se inclinó perezosamente mientras Brenda lo sostenía.
—Baja la pantalla.

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