Matriarca Beatriz al ver que su adorado nieto quería huir de Yara, se apresuró a bloquear a la chica, impidiendo que le echara las garras encima.
—Yara, te agradezco muchísimo tu preocupación por mi nieto, pero acaba de despertar y sigue muy débil. Además, el perfume que llevas es un poco fuerte y podría hacerle mal.
Yara, sabiendo que visitaría a Valeriano, se había puesto una fragancia sumamente suave y de ingredientes naturales. ¿Cómo iba a molestarle?
Pero antes de que pudiera explicarse, la Matriarca Beatriz ya la había apartado a un lado.
—Roxana, ven rápido a revisar a Valeriano. Lo veo más pálido que hace un momento. ¿Le duele algo?
Roxana notó cómo la dulce anciana la llamaba con tanta familiaridad y su mirada se suavizó un poco. Al ver que le guiñaba un ojo discretamente, captó la indirecta, pero respondió con su habitual franqueza:
—Doña Beatriz, le acabo de tomar el pulso. Está perfectamente bien.
Podían cuestionar su música, pero jamás su habilidad médica.
Valeriano, al ver que ella no quería acercarse, frunció el ceño con naturalidad y se llevó una mano al pecho.
—Siento una presión aquí... me duele un poco.
Roxana entrecerró los ojos, mirándolo con sospecha.
Valeriano, sin inmutarse, asintió con seriedad.
—Es en serio, no te miento.
Roxana sabía que la salud del heredero Sandoval era delicada y podía presentar complicaciones imprevistas, así que se acercó de inmediato para tomarle el pulso otra vez.
Apenas sintió el latido, supo que Valeriano estaba fingiendo.
Levantó una ceja, comprendiendo que esa era su táctica para mantener alejada a Yara. No lo delató.
—No es nada grave. Solo necesita mucho reposo durante estos días. No debe inhalar olores fuertes, ni ver a personas que no desea ver.
Yara sintió la pedrada de inmediato.

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