Sin embargo, para mantener su imagen impecable, miró a Darío y fingió una expresión de resignación:
—Darío, lo que dice Roxana es demasiado arriesgado. ¿Por qué no intentas convencerla de que desista?
A Darío también le sorprendió la atrevida declaración de Roxana, pero al verla tan tranquila, incluso entusiasmada, pensó que quizás no era tan descabellado.
Tal vez ella realmente podía lograrlo.
Lo consideró un par de segundos, reprimió sus dudas y respondió en tono sereno:
—Yo confío en ella. Quizás nos dé una sorpresa.
Yara, que esperaba que Darío también regañara a Roxana por ser imprudente, se quedó helada ante esa respuesta.
Darío siempre había sido tan cauteloso. ¿Cómo podía creer en los disparates de Roxana?
Tragándose su frustración, forzó una sonrisa poco natural:
—Si tú confías en ella, entonces no hay nada más que yo pueda hacer.
Al ver esto, todos sus aduladores comenzaron a presionar a Roxana para que empezara de una vez.
Roxana, sin inmutarse, dijo:
—¿Cuál es la prisa? Tengo una condición.
—¿Qué condición? —preguntó de inmediato alguien en la multitud.
Y otra persona se burló:
—¿No me digas que te vas a arrepentir? ¿No aguantas la presión?
Sin hacer caso a los comentarios, Roxana declaró con frialdad:
—Mi condición es que, si completo los cinco kilómetros en menos de doce minutos, tú y tú tendrán que ir a correr cinco kilómetros todos los días de este semestre, hasta que logren romper mi récord.
Mientras hablaba, señaló a un par de personas entre el público.
Los elegidos eran la amiga de Yara y el chico que los demás habían empujado antes para ponérsela difícil.
Los rostros de ambos cambiaron de color.

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