—¡Yo creo que lo haces a propósito! No creas que por cambiar de tema y obligar a Yara a pedirte disculpas en público te vas a librar de la Prueba de Aptitud Física. Esto no ha terminado, ¡ya verás!
—¿Quién dijo que quiero huir de la prueba? Si no te has curado de tus delirios, deberías ir al hospital. Que yo sepa, hoy en día las universidades no admiten pacientes psiquiátricos —se burló Roxana.
Luego, agregó con indiferencia:
—¿No es solo una prueba física? Bien, acepto. Digan, ¿en qué consiste?
Un chico fue empujado al frente por los demás. Carraspeó y dijo con tono serio:
—Qué bueno que entraste en razón. Nuestra prueba de ingreso es una carrera de fondo. Solo tienes que correr cinco kilómetros en treinta minutos para aprobar.
—¿Cuánto? —Roxana creyó haber escuchado mal.
¿Correr cinco kilómetros en treinta minutos? ¿A eso le llamaban prueba de aptitud?
Su entrenamiento personal de rutina consistía en correr diez kilómetros en menos de veinticinco minutos.
Al verla tan sorprendida, el chico pensó que se había asustado y puso mala cara.
—Ya rebajamos el estándar por respeto a Yara, ¡así que no abuses de nuestra paciencia!
A los demás tampoco les gustó su actitud y empezaron a hablar:
—Exacto, confórmate con eso. Treinta minutos para cinco kilómetros es mucho tiempo. Si no puedes hacerlo, deberías regresar por donde viniste y dejar de hacer el ridículo.
—Mi hermana pequeña que está en la prepa lo hace sin problema. No me digas que ni siquiera puedes superar a una estudiante de prepa.
—Apresúrate, no nos hagas perder el tiempo.
En realidad, la Universidad del Sur ofrecía varias opciones para la prueba y los de nuevo ingreso podían elegir.

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