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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 52

Las palabras de Roxana hicieron que Elba diera un salto de rabia.

—¡Yara, escucha lo que está diciendo! ¡Me pides que le dé las gracias! ¡Ella no se lo merece!

Yara estaba a punto de reprenderla cuando Roxana preguntó con un tono perezoso:

—¿Decir qué?

—¡Decir gracias! —gritó Elba, furiosa.

«¿Acaso está sorda que ni siquiera puede escuchar eso?», pensó la chica.

Roxana soltó una risa fría y despectiva.

—Vaya, sí puedes hablar. Pero, aunque lo hayas dicho, no me importa tu agradecimiento.

Elba por fin se dio cuenta de que la estaban manipulando y pisoteó el suelo de pura rabia.

Al ver la rabieta de la chica, Thiago Silva no pudo evitar que las comisuras de sus labios se elevaran en una sonrisa.

El anciano Lorenzo también apretó los labios para disimular su diversión. ¡La elocuencia y agilidad mental de la señorita Roxana eran impresionantes!

Solo Valeriano Sandoval mantuvo su expresión imperturbable.

—Le informaré de todo lo sucedido hoy al señor Soler. En cuanto al comprador del Elíxir de Renovación, no les ayudaré a investigarlo. Si vuelvo a tener noticias sobre el elíxir, se lo comunicaré de inmediato al señor Soler.

El hecho de que él todavía se negara a revelar la identidad del comprador hizo que Roxana lo mirara con cierta sospecha.

Una teoría sin fundamentos había estado rondando por su mente... ¿Y si el comprador era él?

Yara y Elba sintieron un nudo en el estómago al escuchar que Valeriano le contaría todo a Rafael Soler, pero no tenían ninguna excusa para impedírselo.

A pesar de todo el alboroto, Roxana y sus acompañantes se quedaron a comer en la mansión antes de marcharse.

Al despedirse, Lorenzo le rogó a Roxana con evidente cariño que volviera a visitarlos cuando tuviera tiempo.

Roxana, que tenía una muy buena impresión del viejo mayordomo, le sonrió, asintió y se despidió con la mano.

Su visita a la familia Sandoval ese día tenía dos propósitos: el primero, ver qué trucos intentarían jugar Yara y Elba; el segundo, comprobar cuál sería la actitud de Valeriano —a quien Alcira Maldonado consideraba su mayor protector— frente a los desmanes de la familia Maldonado.

La actitud del hombre resultó ser mucho más fría e indiferente de lo que ella había imaginado.

Pero eso era algo bueno.

La familia Maldonado era experta en cavar su propia tumba. ¿Quién sabía cuántos días más podrían depender de su supuesto protector?

Mientras observaban el auto alejarse, Thiago, de pie detrás de Valeriano, suspiró levemente.

—Valeriano, esta señorita Soler es muy interesante. Si ella no hubiera atizado el fuego, el espectáculo de hoy no habría sido ni la mitad de entretenido.

Al escuchar esto, el rostro de Valeriano, sereno como un glaciar, mostró una ligera reacción.

Capítulo 52 1

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