Elba fue directa al grano:
—¿De verdad es solo polvo de carbón?
—Claro que es carbón, ¿por qué iba a mentirles? —replicó Thiago.
El rostro de Elena se iluminó de alivio y se apresuró a decirle a Alcira:
—Alcira, ¿escuchaste? No estás envenenada. El Doctor Silva es un genio de la medicina en Puerto Esperanza, ¿cómo no vas a creer en su palabra?
Pero Alcira ya estaba obsesionada. Miraba fijamente su mano roja e hinchada, sacudiendo la cabeza sin parar.
—No, puedo sentir claramente que mi respiración se acelera. Es imposible que esté bien.
Thiago, incapaz de seguir viéndola así, intervino:
—Señorita Maldonado, le pido que se calme. Su respiración está acelerada simplemente porque está sufriendo un ataque de pánico. Siéntese a descansar unos minutos y se sentirá mejor.
—Sí, mi niña. Ven, mamá te ayudará a recostarte.
Pero justo cuando Elena extendió los brazos, la aparentemente débil Alcira la empujó bruscamente.
—¡Me estoy muriendo y me dices que descanse! ¡Todos ustedes me están mintiendo!
—¡Alcira! —Elena no esperaba que su hija se pusiera tan testaruda y volvió a reprenderla—. El Doctor Silva es el mejor especialista de Puerto Esperanza, su diagnóstico nunca se equivoca.
Pero Alcira lanzó una risa fría.
—¿Y qué si es el Doctor Silva? Ni siquiera ha podido curar las piernas de Valeriano, ¡quién sabe cuánto tardaría en crear un antídoto para mí! ¿Qué pasa si termino igual que él?
Al escuchar esto, la expresión de Valeriano, hasta entonces indiferente, se ensombreció como una tormenta a punto de estallar.
Una presión abrumadora, pesada y asfixiante, cayó sobre todos los presentes.
—Señorita Maldonado, le sugiero que cuide sus palabras. La habilidad médica del Doctor Silva es indiscutible y todos lo saben. Además, las piernas de mi joven amo están mejorando, no haga conjeturas ridículas. —Lorenzo le advirtió con el rostro severo. Había cosas que ni ella podía atreverse a decir.
Alcira se encogió de hombros, asustada por los ojos oscuros y fríos de Valeriano, pero su orgullo no le permitía retroceder.
—¡Yo no veo ningún polvo de carbón! ¡Si no me están mintiendo, entonces qué es esto!
Roxana soltó una carcajada burlona.
—Tienes razón, todos te están mintiendo.
Alcira abrió los ojos de par en par, con el rostro lleno de terror.

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