El ambiente se sumió en un profundo silencio.
En medio de todas las miradas, Alcira volvió en sí y por fin entendió que Roxana solo se estaba burlando de ella.
Se sintió humillada y enfurecida, pero a duras penas logró contenerse. Forzando una expresión de vulnerabilidad, evitó a toda costa cruzar miradas con Valeriano.
—Valeriano, yo… yo tampoco sé qué me pasó, de repente yo…
—¿De repente se te resbaló la mano y quisiste quemarme la cara? —contraatacó Roxana, sin dejarle margen para justificarse.
—Tú… —Alcira alzó la vista, mirándola con los ojos inyectados en rabia.
—Basta.
En cuanto resonó la voz gélida y profunda de Valeriano, el aire alrededor pareció congelarse.
—Señorita Maldonado, hace un momento dejé claro que no tendré cortesía alguna con quien cause problemas en la Mansión Sandoval, sin importar quién sea. Ya que usted ha admitido que lo hizo a propósito, lamento no poder seguir siendo un buen anfitrión. ¡Lorenzo, acompáñalas a la salida!
El rostro de Alcira se descompuso. Si la echaban la primera vez que pisaba la casa de los Sandoval, ¡cómo iba a dar la cara en el círculo social de Puerto Esperanza!
—¡Valeriano, te juro que no fue a propósito! Fue un accidente, de verdad. Al agarrar la taza, sentí que me quemaba y por reflejo la solté…
Roxana asestó el golpe de gracia con una lentitud desesperante:
—Ah, entonces, ¿estás insinuando que la culpa es del personal de la familia Sandoval por no saber servir?
La excusa de Alcira se quedó atascada en su garganta. Sus facciones, usualmente delicadas, se retorcieron de furia pura.
—Rosana, ¿tienes que interpretar todo de la peor manera? Después de todo, crecimos juntas. ¿En serio piensas eso de mí?
Roxana le respondió con frialdad:
—¿Quieres otra bofetada para recuperar la memoria de hace un minuto?
Alcira se encogió por instinto. El golpe había sido tan fuerte que aún le ardía la mejilla. Entonces, cambió de táctica y miró a Valeriano con los ojos llorosos.
—Valeriano, entré en pánico. Primero pensé que estaba envenenada, y luego temí por tu seguridad. Pensé que alguien quería lastimarte de nuevo, por eso perdí el control. Tú… no estarás enojado conmigo por esto, ¿verdad?
A Elena se le hizo un nudo en el estómago al ver a su hija suplicando. Pero sabía que Valeriano no era alguien a quien provocar, así que tuvo que tragarse su orgullo y adoptar un tono conciliador con Roxana, a pesar de lo mucho que la detestaba.
—Roxana, las palabras de Alcira fueron un poco duras, pero sabes que tiene un carácter dócil. Solo habló sin pensar porque estaba desesperada…
—Además, eres la hermana mayor. No puedes quedarte de brazos cruzados viendo cómo la malinterpretan. Si esto sale a la luz, ¡tu padre se sentirá muy decepcionado de ti!
A los ojos de Elena, Roxana había regresado a Puerto Esperanza solo porque sus verdaderos padres la despreciaban, por lo tanto, debía importarle lo que Ricardo Maldonado pensara. Al fin y al cabo, cuando Roxana se fue de la ciudad, Ricardo le había entregado unos generosos cien mil pesos.
Sin embargo, Roxana se rio de manera franca y directa:


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