¡Ni en sueños!
Pero un segundo después, vio a Valeriano acercarse en su silla de ruedas hasta los controles de la cama y empezar a ajustarla.
Darío creyó que había cedido y una sonrisa de triunfo iluminó su apuesto rostro. ¡Ja, novato! ¡Sabía que podía domarlo!
Sin embargo, a medida que el ángulo de la cama subía más y más, su herida en el hombro derecho empezó a estirarse, causándole un dolor punzante.
—¡Ya basta! ¡Ahí está bien! —se apresuró a decir.
Pero Valeriano hizo oídos sordos y siguió subiéndola.
Cuando la cama ya estaba a unos sesenta grados y Darío apretaba los dientes por el dolor, Valeriano repitió con calma:
—De ahora en adelante, no te metas en los asuntos entre tu hermana y yo.
Darío rio, a pesar del dolor.
—¡Valeriano, no tienes alma! ¡Te juro que cuando Roxana salga, le voy a decir que me estás torturando!
Al escuchar eso, Valeriano siguió subiendo la cama hasta los noventa grados y volvió a repetir su frase.
Darío hizo una mueca de dolor extremo. Sentía que los puntos estaban a punto de reventar.
¡Maldición!
Al final, solo le pedía que no se metiera. No era como si lo estuviera obligando a juntarlos. ¡Podía aceptar eso sin problemas!
—¡Está bien! ¡Te lo prometo!
Valeriano, que estaba a punto de subirla diez grados más, detuvo su mano y, con una sonrisa de pura satisfacción, bajó la cama hasta un ángulo en el que Darío se sintiera cómodo.
Cuando Roxana salió del baño, ya más calmada, se topó con la imagen de un Valeriano que, a pesar de sus limitaciones, ayudaba amablemente a su hermano a acomodar la cama.
Se sorprendió un poco. Se notaba que realmente eran buenos amigos.
Al verla salir, Valeriano fingió toser y levantó lentamente la mano con la que había manipulado la manivela. Habló con un tono débil:
—Tu hermano me dijo que estaba incómodo, así que lo ayudé a ajustar el ángulo.
Roxana notó que las yemas de sus dedos, usualmente pálidos y perfectos, tenían marcas rojas por el esfuerzo. Su rostro también parecía un poco más cansado.
—La próxima vez pídele a alguien más que haga esto —le advirtió suavemente—. Aún tienes toxinas en el cuerpo, deberías descansar más.

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