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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 395

Al ver que su propia hermana se ponía del lado de otra persona sin siquiera conocer los detalles, Darío se sintió ofendido.

—¡Cómo se te ocurre pensar que yo le hice daño!

Valeriano, desde un lado, intervino con calma:

—Aunque no conozco los detalles de tu historia con esa chica, todos sabemos que solías ser bastante libertino.

—¡Valeriano! —Darío, indignado porque su amigo en lugar de ayudarlo lo estaba hundiendo, intentó sentarse de golpe.

Con el brusco movimiento, tiró de su herida y su rostro palideció en el acto.

Roxana notó de inmediato lo que había pasado. La herida se había abierto.

Se acercó rápidamente. Al mirar la parte posterior de su hombro derecho, vio que la sangre ya estaba empapando la tela. Le clavó un par de agujas en el dorso de la mano para estabilizarlo y luego presionó el botón de emergencia.

—¡No te muevas!

En cuestión de segundos, un enjambre de médicos y enfermeras entró corriendo a la habitación. Tras un rato de tensión, lograron vendar nuevamente el hombro de Darío. Terminaron su trabajo en silencio y se retiraron rápidamente; sabían que las personas en esa sala eran intocables y no querían meterse en problemas.

Mientras tanto, afuera, Dulce llevaba un buen rato debatiéndose antes de armarse de valor para ir al hospital. Apenas salió del ascensor, vio al equipo médico salir apresurado de la habitación de Darío. Pensando que algo grave había sucedido, corrió a preguntar.

El médico la detuvo con un gesto.

—Lo lamento, es información confidencial del paciente. Si quiere saber qué pasó, tendrá que preguntárselo a él directamente.

Por supuesto, Dulce no se atrevía a entrar. Hace años se había ido sin despedirse, y si Darío no había tenido tiempo de preguntarle el motivo la noche anterior, seguro lo haría ahora.

Y ella no tenía forma de explicarle lo que realmente había pasado.

Mientras dudaba, escuchó voces acercándose desde el vestíbulo de los ascensores.

Poco después, una mujer elegante y distinguida apareció, quejándose mientras caminaba.

—Todo es culpa tuya. Te dije que saliéramos temprano, pero tenías que quedarte resolviendo cosas del trabajo. Quién sabe si Roxana está agotada por haberse quedado cuidándolo toda la noche. Darío es hombre y tiene el cuero duro, seguro estará bien. Pero mi niña estuvo atrapada ayer en ese caos, y encima por no querer que nos desveláramos, decidió quedarse sola a cuidarlo. ¡Me parte el corazón que sea tan considerada!

A su lado, un hombre alto y de porte refinado no se molestó en absoluto. Al contrario, la consoló con cariño:

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