El día anterior, cuando Yara se enteró de que los estudiantes de las facultades comunes estaban estudiando a muerte por culpa de Roxana, se sintió bastante ansiosa. Así que la noche anterior se desveló resolviendo exámenes de práctica.
Al ver entrar a Roxana, sintió un profundo resentimiento.
Originalmente, ella no habría tenido que esforzarse tanto. Aunque todos los años muchos aplicaban para la Academia de Élite, la mayoría no soportaba la presión y terminaba fallando el día del examen.
Gracias a eso, Yara había ganado fácilmente en las dos evaluaciones del año pasado. Y no porque fuera una genio en las materias teóricas, sino porque mantenía mejor la calma que los demás.
Pero este año todo era distinto. Parecía que a esos mediocres les hubieran inyectado adrenalina. Dejaron atrás la apatía y ahora su pasión por estudiar estaba por las nubes.
Incluso se corría el rumor de que varios pasaron toda la noche resolviendo exámenes en la biblioteca, obligando a la administración a emitir una regla urgente prohibiendo la permanencia en el recinto después de la medianoche.
Ante esa situación, tanto ella como el resto de la Clase A se vieron forzados a estar cien por ciento en alerta.
Si la competencia se volvía más dura y alguno de ellos bajaba en el ranking hasta ser expulsado de la Clase A por un alumno regular... ¡sería una humillación total!
En ese momento, además de Yara, varios compañeros miraban a Roxana con evidente disgusto. Sin embargo, debido a la presencia de la profesora Lidia, ninguno se atrevía a lanzar comentarios sarcásticos en voz alta.
Roxana ignoró todas aquellas miradas cargadas de odio y levantó la vista hacia el reloj colgado en la pared.
—Dieron las nueve hace exactamente un segundo. No he llegado tarde.
Lidia miró el reloj y, efectivamente, marcaba las nueve en punto. Pero simplemente no soportaba la actitud fría y altanera de Roxana.
—¿Y qué si no llegaste tarde? ¡Con esa actitud tan perezosa hacia el estudio y aún así pretendes ser la número uno! ¡Eres una ingenua!
Si a cualquier otro estudiante lo humillara un maestro frente a toda la clase, se habría muerto de vergüenza.
Pero Roxana no era una estudiante común.


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