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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 135

Al día siguiente.

Después del desayuno, Roxana paseaba con la intención de ir a buscar a Don Abelardo.

Al pasar por el edificio de los archivos, recordó la información que había investigado: el empleado que solía encargarse de esos documentos ahora era archivista en la Universidad del Sur.

Cambió de rumbo y se dirigió directamente hacia la entrada del edificio.

—Señorita, ¿busca algo? —Antes de que pudiera acercarse, un guardia de seguridad de mediana edad la detuvo.

—Vengo a ver mi expediente —respondió Roxana con indiferencia.

Su tono tan frío hizo que el guardia frunciera el ceño por instinto.

¿Acaso venía a causar problemas?

Pero tras observarla de cerca, pensó que no era el caso. Seguro era una estudiante de primer ingreso que aún no conocía las reglas.

Así que le explicó con paciencia.

—Mire, señorita, si quiere revisar su expediente, tiene que traer una autorización firmada por su director. De lo contrario, no puedo dejarla pasar.

«¿Tan estrictos son?», pensó Roxana, algo sorprendida.

Aunque tenía sentido. Al fin y al cabo, la Universidad del Sur era una institución de prestigio, nada que ver con la escuela técnica donde estuvo matriculada antes.

Ella asintió, adaptándose a la situación.

—De acuerdo, lo entiendo.

De todos modos, ya estaba en la universidad; tarde o temprano encontraría la forma de hablar con aquel empleado.

El guardia la vio darse la vuelta y marcharse con la actitud de un jefe que acaba de escuchar el reporte de su subordinado. Se quedó entre indignado y divertido, negando con la cabeza y murmurando.

—Qué arrogantes son los jóvenes de hoy en día. Ni siquiera dan las gracias.

—¿Qué pasa, Oficial Vega? —se escuchó una voz de mujer desde adentro.

El guardia, llamado Vega, se dio la vuelta y vio a Agustina Méndez salir cargando una pila de documentos.

Agustina apenas pasaba de los treinta años, pero vestía de forma anticuada y usaba unos gruesos lentes de armazón negro, lo que la hacía aparentar al menos diez años más.

—No es nada, Agustina. Solo una chica nueva que quiso entrar sin la autorización del director y tuve que detenerla. Le recordé amablemente que la próxima vez trajera el papel y, en vez de agradecer, actuó como si fuera mi jefa. Asintió, dijo un «entendido» muy fría, y se fue.

Capítulo 135 1

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