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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 120

Cargar con culpas ajenas no era su estilo. Roxana detestaba ensuciarse las manos con basura que no le pertenecía.

Caleb apretó los dientes, ofendido por su frialdad.

—Tú...

Aprovechando la situación, Yara intervino con su habitual tono meloso.

—Hermanita... Caleb solo está intentando ayudarte. ¿Por qué tienes que hablarle de esa manera?

Roxana le clavó otra mirada fulminante.

—A ti tampoco te importa. ¿Acaso le pedí su ayuda?

Ella decidía cómo y a quién hablarle; no necesitaba que Yara viniera a darle lecciones de etiqueta.

Ante la brusca respuesta, el elegante rostro de Yara se contorsionó en una máscara de dolor, y sus ojos se cristalizaron rápidamente.

—Hermanita... Yo solo intentaba aconsejarte, ¿por qué siempre tienes que interpretar mal mis intenciones? Si este asunto no se resuelve hoy, corres el riesgo de que te expulsen. Solo me preocupa que, si te corren recién ingresada, nuestros padres se lleven un gran disgusto. Si no quieres mi ayuda lo entiendo, pero no tienes por qué humillarme.

Unas lágrimas traicioneras comenzaron a deslizarse por sus mejillas, como si fuera la víctima de la peor de las injusticias.

Al ver a su adorada musa llorando por culpa de Roxana, Marco perdió los estribos.

—¡Roxana, eres una descarada! ¡Fui yo quien te atrapó robando y soy yo quien te está exigiendo cuentas! ¡¿Con qué derecho te atreves a maltratar a Yara?!

Roxana no cambió su expresión gélida.

—Vuelvo y repito: no es asunto tuyo. Si quieres llorar por ella, vete a hacerlo a otra parte y ahórrame el asqueroso tufo a perrito faldero que sueltas.

¿Perrito faldero?

A Marco le hervía la sangre cuando alguien usaba esa palabra. Llevaba más de un año persiguiendo a Yara, desviviéndose por complacerla en todo, mientras ella se negaba a darle una respuesta clara. Eso de por sí ya era un golpe constante a su orgullo. ¡Pero que se lo escupieran en la cara, frente a toda la clase, era intolerable!

Cegado por la ira, Marco apretó los puños y se lanzó hacia Roxana dispuesto a golpearla.

—¡Estás muerta!

La clase entera contuvo el aliento, pero antes de que alguien pudiera registrar lo que estaba pasando, el imponente cuerpo de Marco salió volando hacia atrás, como si hubiera sido arrollado por un camión.

Capítulo 120 1

Capítulo 120 2

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