En la Mansión Sandoval.
Tras finalizar la llamada, Leandro caminó a paso rápido hasta el despacho de Valeriano.
—Señor, ya me comuniqué con el contacto. Me dijeron que por ahora no tienen disponibilidad, y que lo más pronto que pueden agendar una consulta médica es para la próxima semana.
—¿La próxima semana? —Valeriano, vestido con ropa de estar cómoda en tonos grises y sentado en su silla de ruedas, lucía impecable y elegante. Sus dedos largos y finos tamborileaban de forma inconsciente sobre el reposabrazos.
—Sí, señor —Leandro, incapaz de descifrar la emoción en el rostro de su jefe, añadió—. Si es urgente, podemos buscar otras alternativas. De casualidad, el director de la Universidad del Sur se encuentra en la ciudad y él es un experto en farmacología. ¿Desea que contactemos al joven Caleb Valente para que nos consiga una cita con el director?
Valeriano detuvo el golpeteo de sus dedos. Un brillo oscuro atravesó su mirada.
—¿No fue Renato Soler quien mencionó hace poco que sus dos hermanas estudiaban en la Universidad del Sur?
Leandro no entendía cómo la mente de su jefe había saltado tan rápido a ese tema. Hizo memoria por unos segundos y asintió.
—Así es, señor, el joven Renato lo comentó. —Casi por instinto, soltó una pregunta que lo sorprendió hasta a él mismo—: Señor Sandoval... ¿tiene intenciones de visitar la Universidad del Sur?
La familia Sandoval y la familia Soler eran viejas amistades, pero la relación de Valeriano con la heredera de los Soler apenas se limitaba a un saludo cordial. ¿Por qué había preguntado eso?
Valeriano negó ligeramente con la cabeza.
—No hay prisa.
Aunque sonaba a un rechazo, la frase dejó a Leandro con el corazón latiendo a mil por hora. No dijo «no voy a ir», sino «no hay prisa».
«¿Será que de verdad piensa ir a la universidad? ¿Y solo para ver a la verdadera heredera?», pensó Leandro, ansioso, pero sin atreverse a decir una palabra más.
***
En la Universidad del Sur.


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