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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 97

C97-TÍTERE DE MARIAM

Mariam estaba sentada en la sala principal del palacio, con las manos sobre su regazo. A su lado se encontraba Sila. Después de pasear un rato por el jardín hablando del bebé, les informaron que Zayd quería ver a Mariam.

Ella se puso nerviosa al instante, pero Sila le apretó la mano y la calmó.

—No te preocupes. Mi hijo no se enojará conmigo, soy su madre, después de todo.

Zayd entró en la sala con paso firme. Miró primero a su madre y luego a Mariam.

—Madre, no puedes pasar por encima de mis decisiones —dijo serio.

Sila tomó su taza de té de hierbas y bebió un sorbo con calma.

—Zayd, hijo mío, tienes treinta y tres años y sigues hablando como si yo te tuviera miedo. Bebe tu café y relájate. —Tomó un sorbo—. Solo saqué a mi nuera a tomar sol. Pregúntale a cualquier médico, es bueno para el bebé.

Mariam contuvo una sonrisa y Zayd la miró con advertencia.

—¿Qué es gracioso? Estás bajo arresto domiciliario.

Sila dejó la taza en la mesa.

—Bueno, solo la llevé para que mi nieto o nieta tome vitamina D. ¿Es acaso un pecado?

—Así es —añadió Mariam rápidamente—. La vitamina D es importante.

Zayd soltó el aire con fuerza. Estaba claro que las dos se habían aliado contra él.

—Bien. Pero que no se vuelva a repetir. —Miró directamente a Mariam y su expresión cambió—. Tengo algo importante que decirte. Hablé con el consejo, logré que te den una nueva oportunidad.

Mariam levantó la cabeza de golpe, sorprendida.

—¿Qué?

—Tienes treinta días para demostrar que puedes ser una jequesa en toda regla. Debes mostrar tu casta saudí, dejar el nombre Al-Rashid en alto ante las familias aliadas. Yo respondo por ti ante la ley y ante Alá.

Los ojos de Zayd estaban fijos en ella, intensos.

—¿Puedes hacerlo, ya hayati? (¿Puedes hacerlo, mi amor?)

Sila sonrió ampliamente, feliz, finalmente su hijo estaba cediendo a sus sentimientos.

Mariam se quedó mirándolo, nerviosa pero claramente enamorada. En cuestión de horas, Zayd le había demostrado la fuerza de su amor.

Tragó saliva y asintió.

—Claro que sí. Puedo hacerlo.

Zayd sonrió con satisfacción.

—No esperaba menos. Sigues siendo una de nosotros… aunque tus costumbres occidentales te ganen y para evitar que eso pase, he traído a alguien.

Se giró.

Un sirviente abrió la puerta y entró una mujer mayor, vestida con una abaya gris impecable.

Tenía ojos penetrantes, como de águila.

—Soy Umm Faris —se presentó con voz firme—. Maestra de protocolo de la casa Al-Rashid.

Mariam parpadeó varias veces y miró a Zayd.

—¿Era necesario, Zayd? Yo…

—Eh, eh —la cortó él, levantando una mano—. Lo ves, esposa. Siempre cuestionas.

Mariam hizo un mohín y miró a la mujer que en ese momento la analizaba de arriba abajo sin disimulo.

Jade se incorporó lentamente, interesada.

—Habla.

—Acabo de escuchar que la señora Mariam será puesta a prueba como jequesa. Tiene treinta días para prepararse y representar a la familia Al-Rashid delante de las familias aliadas. Eso solo significa que el consejo…

Las uñas de Jade se clavaron con fuerza en la palma de su mano.

—Que el consejo le está dando una oportunidad —terminó ella misma, con voz baja y peligrosa.

—Sí… eso mismo.

La rabia consumió a Jade en cuestión de segundos, tanto que su rostro se transformó. Se levantó de golpe, respirando como un toro embravecido.

—¡Es que Alá te protege a ti, maldita! —gritó con odio puro—. ¡¿Humillas esta familia, avergüenzas a Zayd, eres una deshonra y aun así te dan una oportunidad?!

Escupió una maldición.

—La'anat Allah 'alayki wa 'ala batnik. (Maldición de Alá sobre ti y sobre tu vientre)

Su enfado era tan fuerte que Hala se tensó visiblemente y dio un paso atrás.

Entonces Jade caminó de un lado a otro como un animal enjaulado, pero de repente se detuvo, tomó su velo y comenzó a colocárselo con movimientos bruscos.

—Mi señora… ¿a dónde va? —preguntó Hala, preocupada.

Jade se giró, sus ojos brillaban de pura furia.

—A ver al viejo Jeque. Quiero saber si él también es un títere de Mariam.

Sin decir nada más, salió de la habitación con pasos decididos y llenos de rabia.

La puerta se cerró con fuerza detrás de ella.

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