Entrar Via

LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 69

C69- LIBRE

Habían pasado seis días.

Seis días desde que Mustafá le había puesto la mano encima, desde que Zayd había irrumpido en su habitación con una carpeta de cuero negro y una pluma de oro, desde que algo en el muro que ella había levantado con tanto cuidado había empezado a moverse sin que ella pudiera detenerlo.

Mas cuando el no había aflojado ni un solo día.

El médico llegaba cada mañana a las ocho en punto, el mismo especialista en embarazos de alto riesgo que atendía a las familias más importantes de Riad, enviado por Zayd sin que ella lo pidiera, quería estar seguro de que el bebé no tuviera ningún problema después de la caída.

Había ordenado que ajustaran su dieta, que retiraran ciertos productos de su baño, que instalaran un humidificador en su habitación porque el aire seco del desierto no era conveniente para el primer trimestre.

Pequeños detalles que nadie más hubiera notado, pero que Zayd había notado.

Y la habitación del bebé.

Mariam había entrado una tarde y se había quedado parada en el umbral sin poder moverse. La habían acondicionado siguiendo cada detalle de la tradición: las paredes en un marfil cálido, una cuna de madera tallada a mano con versículos del Corán grabados en el cabecero, telas importadas en verde y dorado, los colores de la familia Al-Rashid, y en la esquina, una pequeña biblioteca con libros en árabe y en inglés porque Zayd había dado instrucciones de que su hijo crecería hablando los dos idiomas desde antes de poder leer.

Sobre la cuna colgaba un móvil de plata con la media luna y la estrella, y al lado, doblada con cuidado sobre el respaldo de una silla, había una manta bordada con el nombre del bebé en árabe.

Malik.

Era un gesto.

Era Zayd diciéndole, sin palabras, que ese hijo ya tenía un lugar en este mundo.

Jade, por su parte, se había mantenido a una distancia que Mariam no recordaba en ella. No había comentarios, no había miradas, no había aparecido en ningún espacio que Mariam ocupara.

Fuera lo que fuera lo que Zayd le había dicho, había funcionado.

En cuanto a su madre y Noura, la visitaban el palacio cada vez que podían. Noura llegaba corriendo, se tiraba sobre la cama de Mariam y le hablaba del bebé como si fuera el evento más importante del siglo. Su madre llegaba más despacio, con los ojos que lo decían todo sin abrir la boca, y se sentaba junto a ella y le tomaba la mano y no hacía falta más que eso.

Pero las noches eran otra cosa.

Zayd seguía cumpliendo con lo que el matrimonio exigía. Iba a la habitación de Jade, y Mariam lo sabía, y ese conocimiento le apretaba algo en el pecho que no quería examinar demasiado de cerca.

Pero también iba a su habitación.

No para lo mismo.

Entraba, revisaba que ella estuviera bien, y se quedaba. Había improvisado una cama junto a la ventana, un colchón sobre el suelo con sábanas del palacio, y dormía ahí sin pedirle permiso ni explicarle nada. Muchas veces había querido decirle que se fuera, pero por alguna razón no lo había hecho.

Sabía la respuesta… solo que… no estaba preparada para admitirlo.

Hasta esa mañana, sentada junto a la ventana con una mano apoyada sobre el vientre, todavía plano, todavía sin mostrar nada. Pero sabiendo que dentro había una vida que lo cambiaba todo.

Tenía la vista perdida en el jardín del palacio, pero no estaba viendo nada. Su cabeza llevaba un rato dando vueltas alrededor del mismo pensamiento, el único que había ocupado cada espacio disponible en los últimos días.

Ya no quería huir.

Lo había pensado mil veces intentando encontrarle la vuelta, intentando convencerse de que era miedo, de que era el embarazo, de que era cualquier cosa menos lo que era.

Pero no.

Era más simple y más complicado que todo eso al mismo tiempo.

Era que amaba a Zayd.

Lo había amado antes de casarse con él, lo había amado mientras lo odiaba, lo había amado mientras planeaba su salida, y lo seguía amando ahora que él dormía en el suelo de su habitación para no dejarla sola.

Así, Mariam ganaría su exclusividad sin forzar nada, la ley saudí se cumpliría al pie de la letra, y el jeque mantendría intacto su poder ante las tribus. Nadie podría acusarlo de debilidad. Nadie podría decir que había cedido ante los caprichos de una segunda esposa.

Sería Jade quien pediría irse.

Y después de eso, cuando todo estuviera resuelto, Mariam le exigiría la cláusula de monogamia. Una condición incorporada al contrato matrimonial que obligaba al esposo a no tomar más esposas después de la que ya tenía.

Los tribunales saudíes la reconocían, y cada vez más mujeres la exigían antes de firmar. Mariam no había tenido esa cláusula cuando se casó. Pero después de que naciera el bebé, cuando estuviera en posición de hablar desde un lugar firme, iba a pedírsela a Zayd.

Las dos cosas. El aislamiento de Jade hasta que ella misma solicitara el divorcio, y la cláusula firmada.

No como una amenaza, sino como una condición.

Si él la amaba como decía, si lo que había hecho en los últimos seis días significaba algo real, lo aceptaría.

Exhaló despacio y se presionó los dedos contra el vientre.

Entonces el teléfono vibró.

Mariam se tensó de golpe, la vibración corta y discreta que venía desde el fondo del cajón, debajo de la segunda capa de ropa doblada donde lo había guardado semanas atrás. Se puso de pie de un salto y miró hacia la puerta, luego hacia el pasillo por la ventana lateral, luego hacia el corredor interior.

No había nadie.

Fue al cajón, retiró la ropa con manos rápidas y sacó el teléfono. La pantalla seguía iluminada, al ver número se detuvo en seco. Lo miró durante dos segundos completos con el pulso golpeándole en la garganta, conocía ese número de memoria.

Contestó.

—Ba... Baron.

—Ya está todo listo, Mariam. —La voz llegó suave, cargada, con ese tono que Baron usaba cuando quería que ella sintiera que alguien la cuidaba—. Mañana mismo te vas. Mañana serás libre.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!