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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 38

C38-Alguien sin nada que perder.

En otra parte del palacio, Mariam no parpadeó.

Sostuvo la mirada de Jade con una calma que por dentro le costaba un esfuerzo considerable, porque el teléfono en el bolso pesaba como una piedra y cada segundo que pasaba en ese corredor era un segundo que no podía permitirse perder.

—No escondo nada.

—Entonces muéstrame el bolso.

—No.

Jade dio un paso hacia ella.

—¿Por qué no, si no tienes nada que esconder?

—Porque no te debo ninguna explicación. —Mariam retrocedió medio paso, calculando la distancia hacia la salida del corredor—. Y porque esta conversación terminó hace tres minutos.

Giró sobre sus talones, pero Jade le agarró el bolso.

No lo jaló. Solo lo sujetó, con los dedos cerrados sobre la correa, con esa presión que era una advertencia y una pregunta al mismo tiempo.

Mariam se tensó de pies a cabeza, se giró hacia ella con los ojos entrecerrados y la voz tan baja que casi no existió.

—Suéltalo. Ahora.

—Cuando me digas qué…

—Yā Jade.

Las dos se paralizaron.

La voz llegó desde el extremo del corredor, la madre de Zayd avanzó por el mármol con el bastón dorado golpeando el suelo en un ritmo pausado y los ojos moviéndose entre las dos mujeres con la velocidad de quien lee situaciones antes de que terminen de formarse.

Jade soltó el bolso.

—Hayyāki Allāh, Umm Zayd. (Dios te bendiga, madre de Zayd) —Sonrió de inmediato, con esa transición instantánea que tenía para convertir la rabia en protocolo—. Solo estábamos hablando.

La vieja jequesa la miró un segundo largo. Luego apuntó hacia Mariam.

—¿Te está molestando tu hermana?

La palabra aterrizó en el corredor con todo su peso.

Jade lo supo y lo aceptó.

Se fue por el corredor con esa espalda recta que era lo único que le quedaba en ese momento, sin mirar atrás, con los pasos más rápidos de lo que habría querido. Mariam la siguió con los ojos hasta que dobló la esquina, luego se giró hacia la mujer.

Pero la madre de Zayd ya no sonreía.

La miraba con esos ojos escrutadores que habían visto demasiado para necesitar preguntar nada.

—Escúchame bien, Mariam. —Su voz bajó, directa y sin adorno—. Cuando ese niño nazca, Jade dejará de tener lugar en la línea de sucesión. En nuestra tradición, la madre del primer varón del jeque es la que sostiene su posición ante las tribus y ante el Consejo. Y eso la convierte en alguien sin nada que perder. —hizo una pausa y tomó su mano—. Y una mujer sin nada que perder es la más peligrosa de todas. Cuídate. No aquí en el corredor. Cuídate en los lugares donde nadie te ve.

Mariam asintió despacio.

—Lo entiendo.

La anciana la miró un segundo más, luego le besó las mejillas y Mariam retomó su camino hacia su habitación. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, soltó el aire que había estado sosteniendo desde que Jade le agarró el bolso.

En el mismo lugar, la vieja jequesa no apartó la mirada, aun cuando ya la había perdido de vista.

—Yā rabb… lā taksirī qalb ibni. (Oh Alá… que no le rompa el corazón a mi hijo.)

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