Los ojos de Maite no ocultaban su preocupación.
—Entonces, ¿por qué no ha despertado todavía? ¿Qué está pasando?
—La anestesia tarda un poco más en pasar, hay que esperar un momento.
La enfermera le respondió con paciencia y propuso llevarla ya a la habitación del hospital.
Esther y Maite se hicieron a un lado rápidamente, dejando espacio, mientras Alfonso seguía de cerca a los enfermeros, sin perder de vista la camilla.
...
En la villa de los Castillo
[Según informes recientes de noticias…]
Ivana Santana se encontraba recostada, feliz y satisfecha, en los brazos de Oliver, mientras comía uvas que Isidora le ofrecía. Ese era el momento perfecto que había imaginado en su cabeza tantas veces: paz, familia, cariño.
Pero de pronto, la mano de Isidora, que sostenía las uvas, se detuvo en seco.
—¿Qué pasa, Isi? —preguntó Ivana, incorporándose un poco.
Al girar, vio que Isidora estaba completamente absorta, con la mirada clavada en la pantalla del televisor.
—¡Papá, mamá! ¿Esa no es mi hermana?
El grito de Isidora la sacó del trance. Oliver, que apenas estaba prestando atención, volteó de inmediato.
—¡Es cierto, es Sofía! ¡Tuvo un accidente en el estacionamiento del Aeropuerto Internacional del Horizonte! —exclamó Oliver, alarmado.
Ivana sintió que el corazón le daba un vuelco y, casi sin respirar, dirigió la mirada a la televisión.
Allí, la imagen era clara: dos carros chocaron violentamente, y el deportivo rosa de Sofía tenía el frente completamente destrozado.
Pero en vez de asustarse, a Oliver se le iluminó el rostro, como si hubiera encontrado una oportunidad de oro.
—¡Sofía tuvo un accidente! Como padres y como hermana, es nuestro deber ir al hospital a verla.
De inmediato llamó a los empleados, pidiéndoles que le trajeran el saco. Se le notaba emocionado, casi como si esto le causara alegría.
Ivana, aunque lo miraba todo con cierta extrañeza, se levantó despacio y subió al segundo piso por una chalina. Se la colocó sobre los hombros antes de salir con ellos, pero en el fondo sentía una especie de vacío, una opresión amarga que no la soltaba ni al ir por la chalina ni al subir al carro.
Mientras tanto, su mente iba y venía entre los comentarios que escuchaba a su alrededor.
—Isi, no olvides que Sofía es tu hermana. Ahora que le pasó esto tan grave, tienes que mostrarte cercana y preocuparte por ella —le aconsejó Oliver, con la mirada brillante, como quien ya planea su siguiente jugada.
Esto era justo lo que necesitaba para distraer a Ivana, pensó para sí.
Isidora asintió, con los ojos llenos de una emoción que no se molestó en ocultar.
Ojalá Sofía se hubiera quedado medio ida del golpe. Así, después de que heredara la familia Santana, sería fácil manipularla…
Con los ojos entrecerrados, Isidora ya imaginaba a Sofía, convertida en la cabeza de la familia, haciendo todo lo que ella quisiera.
Detrás, Ivana sentía que el asiento trasero se volvía cada vez más asfixiante.
—Ivana, sé que Sofía no es de tus favoritas, pero cuando salga del hospital, como madre tienes que darle tu apoyo —le indicó Oliver, con tono suave, dándole palmaditas en la mano.
—Claro que lo sé —dijo Ivana, apretando los labios y tragándose todo lo que no se atrevía a decir.


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